Bienvenidos a la ruleta de las traiciones.
Hagan sus apuestas, señoras y señores, con la certeza de que todos van a ganar, pues en estos tiempos de apariencias, la traición es la moneda más fuerte. Apuéstenle a la pequeña traición del niño que acusó a su compañero de pupitre porque dijo que él no creía en Dios, a la de la adolescente que contó los secretos amorosos de su mejor amiga porque ella le robó a su amor platónico, y a la del universitario que tachó de sospechosos de subversión a sus amigos de clase y los delató, porque ellos le advirtieron que iban a luchar por una revolución de pequeñas cosas. Apuéstenle a la traición, mis queridos, que dentro de nuestros nuevos códigos, traicionar es sentir la felicidad de haber engañado al otro, que siempre es un rival, no lo olviden, y el placer de conseguir su humillación. Recuerden que es más grata su caída que nuestros logros, y que llegar al paraíso es humillarlo con nuestros logros.
Juéguensela por las traiciones, en negro o en rojo, con el doble cero, el 22 o el 15, que con cualquier número ganan. Juéguensela por las traiciones, señoras, señores, que hoy vivimos en el gran imperio de los débiles, de los pusilánimes, de los cobardes, cuya gran opción es traicionar pues hace tiempo se traicionaron a sí mismos, y la traición, no nos engañemos, se vuelve hábito. Yo traiciono, tú traicionas, él traiciona, ellos traicionan, e inmersos en traiciones, nos deshacemos en halagos y sonrisas y amabilidades y hablamos con diminutivos para distraer y ablandar a la siguiente víctima. Si fue usted, mi señora, mi señor, no se preocupen ustedes, que acá, en esta ruleta, les brindamos la oportunidad de elegir entre cientos de traiciones, y una de ellas, o varias, serán su venganza y su alegría. Su gran victoria.
Hay infidelidades, mire, y deslealtades al por mayor. Hay difamaciones, y chantajes, y testigos que se venden en un eventual juicio, y abogados que acomodan las verdades, y jueces que dictan sentencia a cambio de un favor. Hay cámaras ocultas por todos lados, imágenes que se editan y alteran, vigilantes que ofrecen la versión que usted prefiera, y periodistas y escritores que relatan la verdad que usted quiere que relaten si investiga sus traiciones. Apuéstenle a las traiciones, mis amados, que si hoy todo es vendible y comprable, también y por lo mismo, todo es traicionable. Jueguen, apuesten, ganen, olviden las sensiblerías, la honestidad y la lealtad, y disfruten de sus cargos recién adquiridos, de sus diplomas recién impresos, de sus joyas y sus mansiones y sus camionetas, y traicionen siempre para que el valor de la traición se mantenga en lo más alto de nuestra escala de valores.