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Mientras te espero

08 de julio de 2017 - 08:06 p. m.

Mientras te espero, pasa un camión con una estatua cubierta de telas detrás y un letrero que dice “La verdad”, y yo imagino que le arranco las vendas hasta que sólo queda el vacío, que es la única verdad. De esa verdad-vacío salto a mi verdad, que es descubrir, y la conjugo contigo e imagino que sólo así, descubriéndonos, podremos resistir el día a día, el repetirnos, el simular, el copiar, el aburrirnos. Sólo descubriendo y descubriéndonos podremos esperar a que cada mañana yo sepa algo más de ti, y tú de mí, y, sobre todo, los dos del mundo, de la vida, de la muerte y todos sus tiempos. Mientras te espero, pasa una camioneta con la puerta de atrás asegurada con un candado, y yo imagino a los que pretenden abrirlo, los tesoros que debe haber en el baúl, los posibles ladrones, y me detengo un rato en las leyes y el derecho, en quienes las inventaron, las difundieron y las defendieron.

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En ellos, que han estado siempre en su derecho de hacer y deshacer. En ellos, que han estado en su derecho de pisotear, de explotar, de humillar, de dejar sin trabajo a un obrero, de pagar lo que les dé la gana, de jugar con ilusiones, de conceder permisos. En ellos, que han sumido al pueblo en la ignorancia para que no se rebele, para que dé la cara y muera en la guerra en nombre de su patria. En ellos, que han diseñado perfectas estrategias de idiotización, que han convertido en ídolos a aquellos que no tienen nada que decir porque no piensan nada distinto de hacer plata. En ellos, que nos han bombardeado con sus convenientes ideas de felicidad y nos han sumido en la estúpida planicie de la humildad. En ellos, que escribieron las leyes y nombraron a los jueces, que son ellos mismos, qué casualidad. En ellos, que produjeron y propiciaron la pobreza extrema y la multiplicaron pues, mientras más pobres haya, más pobres trabajarán para ellos, por menos billetes y con menos exigencias.

Mientras te espero, pasa un viejo de barba larga y recuerdo a los viejos creyentes rusos, que se dejaban la barba para firmar su amor por Rusia y rebelarse contra el zar, contra los zares, que exigían que los hombres de Rusia se afeitaran para dar una sensación de civilidad ante el resto del mundo. Los pienso con sus túnicas y sus cristos, y veo al viejo, y me debato entre la vida con un dios, más fácil, llena de respuestas, llena de caminos ya delimitados y órdenes por cumplir, y la vida sin dioses, difícil pero real, compleja, dolorosa, y murmuro una frase de Nietzsche: “La verdad, aunque haya que amar a nuestro enemigo, y odiar a nuestro amigo”. Mientras te espero, tarareo una canción de moda, maldigo las modas, miro un reloj de pared y compruebo que aún no he empezado a esperarte.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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