Desde niña te valoraron según el infinito código de los mayores, que lo fueron heredando de otros mayores. Te sentías valiosa porque hacías las tareas, o los deberes, como se decía. Te sentías valiosa si cuidabas a tu hermano menor. Te sentías valiosa si rezabas después de comer, y si comías cumpliendo todas y cada una de las normas de la etiqueta que te habían enseñado. Te sentías valiosa si no te atrevías, si no preguntabas, si no descubrías, si no dudabas, y si callabas cuando te recriminaban por no haber hecho bien esto o aquello.
Con el pasar de los años, te fuiste convirtiendo en una mujer perfecta, y esa, la perfección, fue y sigue siendo la mayor de tus cargas. “Una buena muchacha de casa decente no puede salir, qué diría la gente el domingo en la mesa si saben de ti”, como cantaba Silvio Rodríguez. Fuiste perfecta, pero lo fuiste según los parámetros de otros. Ellos te valoraron y tú sonreíste, pero en las noches lloraste sin saber por qué.
Tus padres eran perfectos, Dios era perfecto, tus maestros eran perfectos, los códigos de su bien y su mal eran perfectos. Dudar de la perfección era dudar de todos ellos. En ese camino te conseguiste un novio perfecto, según el gusto y los mandamientos de quienes te habían bombardeado de perfección. Era lindo, decías. Era trabajador, decente, atento, honesto, humilde, decías. Jamás te preguntaste si en realidad te gustaba a ti. Era tu trofeo, aunque no lo quisieras comprender. Te enamoraste, te casaste, tuviste una niña, un hogar, la casa de tus sueños.
Tus sueños eran los sueños que debías tener. Viviste una felicidad de catálogo y tus amigas, de catálogo también, te envidiaron. Con tu marido fuiste sumisa y entregada, como te lo habían enseñado, y con tu hija reprodujiste el código de tus mayores, hasta que un día de llantos, antes de marcharse, ella te preguntó por qué, y dudó, y quiso entender las razones de lo que debía hacer, y cuestionó a Dios y te cuestionó a ti. Te puso contra un paredón. Te acribilló por sus culpas y por las tuyas, y te recriminó tu no vida, tu no sentir, tu no ser tú.