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Heisei: el puente de los sueños

10 de mayo de 2018 - 01:50 a. m.

El 30 de abril de 2019 abdicará al trono el emperador Akihito y al día siguiente, el 1º de mayo, Japón tendrá nuevo emperador. Concluirá la era Heisei que comenzó en 1989 tras la muerte del emperador Hirohito (era Showa), cuyo reinado se extendió por 63 años.

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El puente de los sueños, que es el título del capítulo final del Genji Monogatari, la obra maestra de la literatura japonesa escrita a comienzos del siglo XI, puede delinear bien los 30 años de este último reinado. Con una anotación adicional: en la misma obra se afirma que para entender lo sucedido debe irse más allá de la historia y recurrir a los relatos y a la ficción.

Durante las eras Meiji (1868-1912) y Taisho (1912-1926) Japón surgió como actor internacional de primera línea. Derrotó a China y a Rusia y se sentó con los vencedores en Versalles. En la era Showa (1926-1989) los éxitos se convirtieron en pesadilla con la segunda guerra que terminó en el holocausto nuclear. Pero luego seguirían tiempos más positivos que, con el milagro económico en las décadas de los 60 a los 80, convertirían al país en la segunda potencia económica.

Heisei heredó los frutos de la época dorada de finales de los 80, pero enseguida tuvo que afrontar la más profunda crisis política y económica de la historia reciente, recesión a partir de los 90 en lo que se conoce como las décadas perdidas. Un escándalo de corrupción tumbó al primer ministro Takeshita en 1989 e hizo visible el entramado de intereses públicos y privados que afectaron al sector empresarial y financiero. Recomponer las estructuras que produjeron el milagro no ha sido fácil. Y ello explica por qué su economía lleva casi tres décadas estancada.

Como se observa, estas tres décadas de reinado de Akihito no han sido fáciles. Además de lo anotado, ocurrieron dos grandes calamidades: el terremoto de Kobe de 1995 y el tsunami de Fukushima de 2011. Además, con el resurgimiento de China, su economía pasó a ser la tercera, hecho que produjo efectos sicológicos negativos en los japoneses. A ello se suma la preocupante reducción de la población: ya van 37 años de decrecimiento del número de nacimientos.

Hacía más de dos siglos que no se presentaba una abdicación. Pero la figura del emperador, símbolo del Estado, es respetada y querida por los japoneses. Su cercanía con el pueblo, su ánimo conciliador y sus convicciones en torno a la paz serán la impronta de Heisei. El reto pendiente es la consolidación de la paz y la armonía que cimiente el progreso del Asia y del mundo.

Su Majestad Akihito seguramente habrá de recordar los versos de Saigyô: “Aún en tiempos malos / el camino de la poesía / continúa recto. / Si el sueño no me lo mostrara / estaría ciego frente a la verdad”.

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