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Japón: ¿los trabajos de Sísifo?

24 de septiembre de 2020 - 10:00 p. m.

El pasado 16 de agosto Suga Yoshihide, recién elegido presidente de su partido, el Liberal Democrático (PLD), fue designado como nuevo primer ministro de Japón tras la renuncia de Abe Shinzo. Este último, aquejado por problemas de salud, se retiró del cargo después de convertirse en el mandatario con más días al frente del gobierno en la historia japonesa. El triunfo de Suga no fue inesperado. Dos escenarios que ocurrirán en 2021 lo hacían previsible. En efecto, en septiembre se debe elegir presidente del PLD y en octubre debe haber elecciones generales para la Dieta. El PLD debe llegar interna y popularmente consolidado a estos dos eventos y, en este tránsito, era necesario evitar fricciones al interior del partido ante la ausencia de un líder con mayorías sólidas. Así las cosas, la neutralidad de Suga resultaba muy positiva para garantizar que las negociaciones intrapartidistas que habrán de darse durante los próximos 12 meses se adelanten sin tropiezos.

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Como en todo cambio, el gobernante que llega recibe las mejoras y logros de su antecesor y también lo que no se hizo y lo que no resultó como se había previsto. Suga, quien fue jefe de Gabinete de Abe durante los últimos siete años, se ha presentado como continuador de lo que se venía haciendo. En tal sentido, no se esperan grandes sorpresas. Sin embargo, de por medio están la imagen del mismo Suga, la de su partido y la de Japón que, como es previsible, demandarán propuestas innovadoras en nuevos frentes tal como ya comienzan a aparecer en escena.

Desde la crisis que estalló en 1989 hasta hoy, los gobiernos japoneses han estado padeciendo como Sísifo. Cuando los esfuerzos parecían empezar a dar resultados, algo sucedía y la roca rodaba abajo. Hace tres décadas se resquebrajaron la economía, el partido de gobierno —el PLD—, el sistema financiero y el aparato productivo que quedó en medio. En este escenario, el gran legado de Abe es haber logrado la estabilidad política y la recuperación de su partido. Sobre los demás frentes podría decirse, para resumir, que han logrado sobreaguar.

Además de los problemas conocidos que requieren reformas profundas, hay dos elementos que interfieren en las soluciones. El primero es de orden estructural, representado en el enorme poder que tiene la burocracia, particularmente la de los ministerios de Relaciones, de Finanzas y de Economía e Industria (METI). Algo de gran importancia ya empezó a hacer camino con el anuncio de disminuir la influencia del METI en las decisiones del gobierno. Medidas las proporciones, sería tanto como controlar en Colombia la preponderancia del Ministerio de Hacienda, de Planeación y del Banco de la República, que tanto aquí como allá son los campeones del statu quo.

Lo segundo, que poco se menciona, es la pérdida de confianza del pueblo japonés detonada con el estallido de la burbuja económica en 1989 y agudizada con el éxito de China que desplazó a Japón como la segunda economía del mundo. Es presumible que, para recuperar el orgullo nacional, el gobierno de Abe haya asumido el reto de realizar los Juegos Olímpicos 2020 que la pandemia obligó a postergar. Suga tendrá una enorme dificultad para proceder: o toma el asunto como punto de honor e insiste en realizarlos en 2021 con la probabilidad de que no sean exitosos, o asume el costo económico de cancelarlos, decisión que pondrá a prueba su destreza para darle la vuelta y convertirla en un hito político para su gobierno.

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