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Las víctimas de la tormenta perfecta

10 de febrero de 2009 - 10:07 p. m.

SEGÚN ENRIQUE IGLESIAS, LA CRIsis global es perfecta porque los bancos no prestan, los inversionistas no invierten y los consumidores no consumen.

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La prensa europea habla de un orden de cosas que ha generado un vendaval financiero, un sismo económico y un incendio social, inminente en las calles europeas y después en el resto del mundo. Obama anticipa que la falta de acción llevará a una catástrofe. No se necesita bola de cristal para imaginarse el tsunami político sobreviniente gracias a la onda expansiva de los tres cataclismos anteriores que aún no quedan atrás.

La dureza de la ciudadanía frente a sus mandatarios, como se ha visto en las comparecencias recientes de Zapatero y Sarkozy en la televisión pública, muestra la desconfianza que cunde hoy hacia los políticos. No muy lejos están Gordon Brown y Angela Merkel. Es una gran paradoja porque pese a que la crisis implica el regreso del Estado por la puerta grande y el retorno de la política como espacio de solución de conflictos, los actores políticos están siendo cuestionados con el mayor rigor en función de su capacidad de respuesta para sacar de la crisis a sus países. Además porque la capacidad de anticipación y reacción serena a los problemas no ha sido el mayor activo del liderazgo mundial en este momento. Por el contrario, el patriotismo económico, el fantasma proteccionista y la xenofobia florecen silvestres oxigenados por vientos locales de desglobalización.

En la reciente Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria en Madrid que contó con la participación de un centenar de países —en la cual Colombia brilló por su ausencia—, la pregunta central no fue sólo cómo impulsar la investigación agrícola y combatir el hambre, sino cómo mejorar las obsoletas estructuras de funcionamiento de la agricultura, los ritmos de comercio y de producción que ahogan a los países menos favorecidos. Pero mucho se lamentó allí que la crisis económica eclipsara la crisis alimentaria y el problema agrícola siguiera en la cola del tren.

Esta otra crisis global —ahora ignorada— es tan grave, como para recordar que de la Cumbre Alimentaria de junio del 2008 en Roma a la Cumbre de Madrid de enero de 2009, hay 200 nuevos millones de personas con hambre en el mundo, según lo reconoció el Secretario General de la ONU. Ello demuestra de nuevo que la voluntad política global y local para la acción en materia agrícola y de nutrición fue arrasada por la avalancha de la crisis financiera. Jeffrey Sachs invocaba con pasión, de la mano del Vicepresidente de Kenya, una emergencia de proporciones épicas en ese país simbólico —la patria de los mayores del Presidente de los Estados Unidos— donde 10 millones de personas podrían morir de hambre en los próximos meses si no hay acciones inmediatas.

El problema para los políticos a nivel global va a ser verse la cara en las urnas. Ante todo en una América Latina con más de una docena de procesos electorales en los próximos meses, insuficientemente preparada para lo que viene. Porque los actores políticos tradicionales van a sufrir de un problema real de credibilidad, máxime si la política electoral menor va a reemplazar las agendas públicas globales, como puede llegar a suceder en varios países. A veces pareciera que en Colombia seguimos jugando a no hacer presencia en los foros globales porque nuestra autosuficiencia parroquial se satisface en la mecánica política local.

Hoy ya no le puede caber la duda a nadie que lo que fue una crisis de los ricos de Wall Street en el verano de 2008 es hoy una crisis global que va a afectar de la forma más dramática a los más vulnerables de las regiones más desfavorecidas del mundo. Y que los golpes a los indicadores de pobreza y desempleo en América Latina se darán en el marco de un ciclo electoral como un coctel explosivo contra cualquier sistema político; de izquierda, derecha o centro. Aunque la calle “hace ruido pero no gobierna” como dijo alguna vez el ex primer ministro Raffarin antes de una manifestación que paralizó a Francia en 2003, el recurso de la política en la calle será la nota del 2009.

La gran pregunta será cómo proteger a los más vulnerables, cuando pasamos del resfriado de la recesión a la pulmonía de la depresión económica, ya oficializada ayer por el Gerente del FMI y cantada por el premio Nobel Paul Krugman. Porque de cualquiera de los nuevos roles que el Estado vaya a cumplir en la nueva fase de un capitalismo marcado por el principio de responsabilidad, éste es el más irrenunciable de todos.

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