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Aceptar y compartir la paz, sin mezquindad

13 de octubre de 2015 - 09:00 p. m.

El gozo y la alegría de la mayoría de los colombianos por el avance en el proceso de paz de La Habana no se pueden dejar enturbiar por las voces fatídicas de algunos dirigentes políticos, o de funcionarios públicos, que disfrazan su mezquindad contra este logro del presidente Santos con reparos infundados sobre los informes oficiales del propio presidente, del comisionado Jaramillo, del coordinador de la delegación, Humberto de la Calle y del asesor, Manuel José Cepeda.

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Pasamos, en pocos días, del desengaño por la reunión en Quito de Santos y Maduro, a la esperanza real de alcanzar la paz para nuestro país, simbolizada por la presencia del presidente y el jefe de las Farc en Cuba. (Maduro anticipó que la paz de Colombia dependía de Venezuela, chantaje que se ha materializado en su actitud y la de su canciller en la crisis de la frontera).

Mientras el papa Francisco confirmó con entusiasmo su intervención directa y la del Vaticano en la formulación del proyecto de justicia restitutiva, el procurador Ordóñez desconoce la gestión papal, alineándose con el extremo Centro Democrático de Uribe y la excandidata Ramírez para fomentar la desconfianza ciudadana hacia el proceso de paz. Quién lo creyera: el procurador resultó, a la vieja usanza, más papista que el papa.

Durante su gira, el papa, incuestionable líder mundial, envió contundentes mensajes que fortalecen el proceso de paz y colocan a Colombia en una insospechada coyuntura internacional.

Advirtió que este esfuerzo no se puede frustrar y que, por el contrario, se debería acelerar la firma antes del 23 de marzo de 2016, fecha límite establecida por el presidente. No lo dijo expresamente, pero en el contexto de su carismático apostolado, es predecible que venga a Colombia a bendecir el fin del conflicto con las Farc.

Es relevante que, a pesar de la solicitud de los delegados de las Farc para reunirse con él durante su visita a La Habana, no los haya complacido. Quiere decir que primero deben confirmar su acatamiento y cumplimiento estricto a los protocolos de la justicia restitutiva, sin impunidad, observando la doctrina de la Corte Penal Internacional y de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos. En cambio, visitó una cárcel en Filadelfia e imploró misericordia y reinserción para quienes ya fueron juzgados y condenados por la justicia ordinaria. El papa no altera el Estado Social de Derecho.

En todas sus intervenciones fue consistente con su carta encíclica Laudato Si, del 24 de mayo de este año, sobre “el cuidado de la casa común”. Afirmó que es un pecado contra Dios dañar su obra: la madre naturaleza.

La guerrilla de las Farc tiene que agregar a su arrepentimiento, por medio de la justicia restitutiva y reparativa, los delitos contra el medio ambiente, contra el equilibrio ecológico, contra los recursos naturales de Colombia, y la deshonra que nos han causado al hacernos aparecer ante el mundo como “el país de violencias endógenas interminables financiadas por el narcotráfico, de inequidad y crisis humanitaria…”, como lo describió otro jesuita ilustre, Francisco de Roux en su columna “No a otro fracaso”, del pasado 23 de septiembre.

Para vencer a los enemigos de la paz se requiere una pedagogía franca e integral sobre los acuerdos y una motivación espiritual para que, de corazón, seamos capaces de perdonar a quienes nos han hecho tanto daño, con la refrendación democrática del voto ciudadano.

 

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