Difícilmente encontrará el Gobierno Santos un ciudadano con más merecimientos que Alejandro Gaviria para reforzar el gabinete en el área económica, porque su nombramiento implica que el presidente sigue considerando que el problema de la salud es de ese resorte.
La baja calificación que las encuestas y los medios asignaron a la gestión de la ministra Beatriz Londoño no permitió que Santos le concediera los dos meses de gracia por ella solicitados el pasado 19 de julio para acreditar algún resultado en su desempeño. El sector salud perdió una posición, pero la administración ha ganado un economista con todas las credenciales.
El nuevo ministro encuentra a las entidades profesionales mucho más organizadas, concientizadas y participativas, para lograr el desarrollo del derecho pleno constitucional a la salud, de tal manera que las iniciativas gubernamentales en esa dirección gozarán del apoyo de aquéllas, que a su vez se reflejará en la respuesta positiva de la sociedad civil. Gaviria, observador y columnista agudo, valora perfectamente el rechazo manifestado por los colombianos al modelo de salud basado en el negocio lucrativo de los intermediarios con los dineros públicos.
La investigación epidemiológica no le es ajena al ministro Gaviria, como lo demostró en el ensayo La historia de un entusiasmo: Patarroyo y su vacuna contra la malaria, contenido en su libro Del romanticismo al realismo social y otros ensayos (Editorial Norma, 2005). Por consiguiente, conocerá el estudio del investigador brasileño Roberto Jorge Freire Esteves, consultor de la Organización Panamericana de la Salud, quien, al referirse a los resultados de la Ley 100 en Colombia, comparó las tendencias seculares de indicadores claves (esperanza de vida, mortalidad general, mortalidad infantil y de menores de cinco años) y concluyó que la situación observada con la reforma de 1993 es peor que la que se hubiese esperado con las tendencias existentes antes de la referida reforma. Estos hallazgos son confirmados por la publicación Luces y sombras de la reforma de la salud en Colombia, Ley 100 de 1993, de Francisco J. Yepes y colaboradores (Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo, 2010), cuyo análisis fundamenta el artículo del mismo Yepes, Un sistema fallido (Semanario virtual Caja de Herramientas, edición 00313, julio 27-agosto 2, 2012). En este último afirma: “este sistema (Ley 100) es fallido por varios aspectos: por sus resultados de salud, por sus resultados en equidad de salud, por sus resultados financieros, por su desgobierno y caos institucional. Este es un sistema que gira sobre el eje de los rendimientos financieros a costa de la salud y bienestar de la población afiliada”. Y agrega: “este sistema ha fallado en producir más salud para los colombianos y en varios casos ha contribuido a su deterioro”.
Ante este panorama, le deseamos al ministro Gaviria la más acertada dirección y el más eficiente liderazgo en el Ministerio de Salud.
Fernando Galindo