El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¡Aún hay tiempo!

13 de junio de 2012 - 06:00 p. m.

Una de las mayores tonterías que he oído la expresó un reconocido artista, respecto de la exposición de Luis Camnitzer que se presenta hasta el 30 de junio en el museo de la Universidad Nacional de Colombia, cuando, atribuyéndole el comentario a un tercero, aseguró que «de ese chiste nos reímos al principio y ahora no nos hace gracia».

PUBLICIDAD

La sentencia, sin mayor ingenio, hace patente un ataque de celos ante el protagonista de uno de los mejores despliegues artísticos del año, en una sala que ha ido adquiriendo una posición muy relevante en el ámbito bogotano del arte y ha remplazado instituciones que, a pesar de su natural vocación, yacen medio abandonadas. En otras palabras, en un espacio que disfruta sin ambages de una optima administración.

Retomando el asunto de la muestra del artista germano-uruguayo, de largo y enjundioso recorrido, la visité con varios alumnos que no tenían conexión alguna con la plástica. Todos quedaron impactados por una secuencia de obras que pertenece a la colección suiza Daros y que, en conjunto, permite una lectura categórica de una de las etapas más polémicas de la historia del arte. La curaduría deja ver la consistencia de un aliento creativo; Camnitzer, con un humor punzante, ha sido uno de los máximos exponentes, al menos en América, de ese conceptualismo que, desde la época de Marcel Duchamp, genera controversias y escuece a más de uno. Desde el Museo del Barrio de Nueva York, en muchas ciudades, en numerosas exposiciones individuales y colectivas, ha dejado ver sus análisis y cuestionamientos sobre la ética del arte, el papel de la intermediación, la libertad, el destierro y la identidad y, sobre todo, un recorrido cuya pertinacia se vislumbra mediante la fotografía y los planteamientos gráficos y pictóricos; los ensamblajes, los colajes y las instalaciones.

Uno de los mayores logros de ese maestro y crítico punzante, que ha sido profesor emérito de notables instituciones, es el de establecer con los espectadores un diálogo franco y acercarlos a un planteamiento en cuyo desarrollo las ideas son un ingrediente que, al prevalecer sobre cualquier otro aspecto formal, termina por forjar la obra misma. Digan lo que digan, la exposición permite disfrutar a iniciados y a profanos, lo cual ya es mucho. Por ello es preciso aprovechar que aún esta abierta y tener en cuenta que afirmar que está fuera de moda una posición seria, y propia del siglo XX, cuyos ecos aún se sienten en el arte, equivale a manifestar lo propio sobre el barroco o el impresionismo, o a estigmatizar porque sí la función que tienen los museos.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias