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Dr. Petro…

21 de diciembre de 2011 - 06:00 p. m.

Durante la campaña, los candidatos a la Alcaldía de Bogotá poco hablaron de cultura, pero usted, como nuevo burgomaestre, tendrá que ocuparse de ese hilo conductor del mejoramiento del nivel de vida que ha sido un factor de inclusión y uno de los ejes del “reposicionamiento”, odiosa palabreja de los ámbitos del marketing, de la urbe.

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Rock, Hip-hop y Ópera al parque; el Iberoamericano de Teatro, por citar unos pocos ejemplos, son a estas alturas patrimonio. No obstante, es preciso establecer controles estrictos para evitar el despilfarro del erario en empresas que, amén de ser privadas y privativas, están lejos de mejorar los tan cacareados niveles de competitividad. Es menester instituir criterios de concertación para que la oferta cultural tenga un nivel aceptable y sea pertinente en función de consideraciones objetivas y no personalistas o por obra y gracia de los lloriqueos de algunos empresarios.

Hay que plantear la construcción de un gran espacio que fomente el acceso masivo a las artes escénicas. Habrá, además, que readecuar otros escenarios y optimizarlos, como los de los centros comunitarios de la Victoria o Lourdes, para compartir la mejor calidad con los más pobres. Valga invitar a la empresa privada a que estimule una vida cultural sustanciosa en ciertos estratos.

En vista de que la Orquesta Filarmónica es uno de los grandes capitales artísticos, sería óptimo dotarla de un auditorio que garantice su desempeño y que fomente la lealtad de un público cada vez más entusiasta. Por fortuna, la agrupación atraviesa por un buen momento y, salvo los altibajos normales en cualquier entidad de esta naturaleza, una irrefutable madurez artística permite fijar derroteros ambiciosos y seguros.

Es preciso que el Instituto de las Artes, cuyas funciones apenas si empiezan a vislumbrarse, cuente con políticas claras sobre los temas culturales, sin ambigüedades ni equívocos. La herramienta parece débil por la premura de su implementación, pero puede llegar a ser válida. Hay que vigilar las solicitudes de ayuda a las fundaciones que, escudándose en la pretensión de un supuesto “sin ánimo de lucro”, quieren, y a menudo logran, sacar tajada de los presupuestos culturales.

Hay mucha más tela de donde cortar. Esto es apenas la cresta del témpano, pero lo clave, alcalde Petro, es seguir impulsando un campo que ha marcado uno de los mayores avances en la vida bogotana de los últimos años y representa, acaso, la más segura oportunidad de construir un futuro incluyente. ¡Tal y como a usted le importa!

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