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Líderes para un país en transición

26 de julio de 2016 - 10:00 p. m.

El liderazgo no puede florecer desconectado del entorno en el que viven sus organizaciones. Bajo ese concepto concebimos Profesión Líder 2016.

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El liderazgo no es una ciencia. Y sin embargo, o quizás por ello mismo, pocas cosas hay más insistentes que las lecciones de liderazgo. ¿Contradicción? Eso depende. Si la formación para el liderazgo se limita a una instrucción alejada de la práctica y sus contextos, de algo servirá, pero será incompleta. Si, por el contrario, el liderazgo se identifica como la manera de adaptarse, aprovechar y modificar positivamente el entorno, las oportunidades se multiplicarán. (Lea: Cuando el liderazgo se traduce en buen servicio)

Es esa última concepción la que justifica esta segunda etapa que iniciamos hoy de Profesión Líder, el proyecto que El Espectador echó a andar el año pasado, con la asesoría estratégica de Xn, para el desarrollo del liderazgo activo y positivo en el país.

Colombia vive un momento de transición histórica que va a requerir de sus líderes un foco extraordinario y de sus organizaciones nuevos y poderosos desafíos frente a la sociedad que entre todos debemos construir y que, si lo hacemos bien, llevarán prosperidad a esas organizaciones de la mano del país.

El año pasado, la Primera Cumbre Empresarial de Líderes con que se cerró este proyecto permitió identificar tres focos de atención para el desarrollo de empresas sostenibles en el tiempo en el contexto colombiano: gobierno corporativo, ética y legalidad. ¿Cómo encajan esos focos en las necesidades de un país que se asoma al posconflicto?

De mil maneras, pues es evidente que, más allá de los compromisos que el Estado asuma —y ojalá cumpla— en la negociación que se firme y se avale en el plebiscito, al final son las empresas y organizaciones la base para cualquier reconciliación y reintegración de quienes estaban dedicados a la violencia.

La ética y la legalidad son, resulta obvio, la base para una sana reinserción a la sociedad y al trabajo digno de quienes han vivido en, y se han lucrado de, la ilegalidad. Los ejemplos de éxito nacidos de la legalidad y la ética empresarial son el principal estandarte que puede mostrar una sociedad que se piensa reconstruir desde el abandono y el rechazo a la cultura mafiosa que tantos años de violencia han promovido entre nosotros.

Sí, el acuerdo de paz que se firme y eventualmente se refrende solamente se ocupa de una parte, ni siquiera la mayor, de esa violencia y esa ilegalidad que nos agobian. Pero incluso así, ese acuerdo de paz y lo que suceda con los exmilitantes del mayor grupo armado ilegal del país constituye una oportunidad de sanación colectiva que no podemos dejar pasar. Una a la que, además y repito, el liderazgo empresarial bien enfocado y comprometido con esa ética y esa legalidad puede hacer el mayor, y el mejor, aporte.

El gobierno corporativo, tercer eje en esta nueva etapa de Profesión Líder, no es menos trascendental en ese liderazgo para la transformación positiva de este país en el contexto histórico que vivirá en los próximos años. Ese foco y ese compromiso necesarios en un buen líder para la Colombia de hoy y del futuro cercano, de poco vale si no está alineado con las responsabilidades y derechos de cada miembro de una organización. De esa ética y esa legalidad que se identificaron en la Cumbre Empresarial deben estar convencidos por igual desde la Junta Directiva a los accionistas, pasando por quienes operan en el día a día.

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Y volviendo al contexto histórico, cada una de las instancias de gobierno de las empresas —más allá de la visiones ideológicas o políticas que sus miembros puedan tener— deben adoptar como suyos los desafíos que la sociedad les presenta hoy. Como, por dar un ejemplo, pensar y actuar hacia una mayor inclusión en esas instancias de gobierno, en términos de género, de etnicidad, de origen, de formación, y así.

No se equivoquen. No es que Profesión Líder vaya a ser este año un proyecto enfocado al desarrollo de líderes para y en favor de los acuerdos de paz. Los ejes que lo definen en esta segunda etapa fueron identificados como prioridad por los mismos líderes pensando en las buenas prácticas que lleven a mejores y más sanos retornos. Lo que sí no concebimos es que el liderazgo pueda florecer desconectado del entorno en el que viven sus organizaciones, ni que las utilidades puedan separarse del bienestar de la sociedad toda.

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Esperamos, en ese contexto, que este proyecto sea de gran utilidad para tener mejores líderes, empresas más productivas y una sociedad más madura y creativa en la que ambos florezcan. Y el país también.

Por Fidel Cano Correa

Director de El Espectador desde 2004, donde fue editor general, editor económico y redactor deportivo. En 2011 ganó el Premio Simón Bolívar a la Mejor Crónica y en 2006 fue escogido como Periodista del Año del mismo premio. Máster en periodismo de Northwestern University y filósofo de Los Andes. Premio la Vida y Obra de un periodista en 2022. fidelcanoco fidelcano@elespectador.com
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