A finales del año pasado escribí en este espacio “¿Saltimbanquis?”, afirmando que el presidente Duque buscaba quedar bien con todo mundo, con una incansable actividad, pero sin rumbo definido, lo que le había acarreado un descenso sin precedentes en su imagen pública. Ahora, a escasos dos meses, parecería que por fin encontró su ruta, pese a que congresistas del partido de gobierno —CD— continúan con visiones encontradas frente al mandatario impuesto por el presidente eterno.
Con malabares frente a algunos de sus ministros —como el ambicioso Carrasquilla y el retardatario Botero— y de muchos congresistas —que esperan sólo dádivas—, y vaivenes derivados de sus decisiones, la imagen presidencial se recupera con una inclinación a la derecha. Esto se ve en políticas ambivalentes y retrocesos en seguridad, como resucitar la antigua Red de Cooperantes —ahora Red de Participación Cívica— que complementó la incapacidad militar de frenar guerrillas, al desembocar en crecimiento de paramilitares y bandas criminales. También pretende aliviar la prohibición a la población civil de portar armas. Todo ello, con un Estado incapaz de controlar gran parte del territorio nacional. Y, por si fuera poco, para cimentar su nueva ruta, reforzó la tendencia histórica de genuflexión ante los gringos, con el agravante de que el impredecible Trump amenaza con atacar a Venezuela, en medio de la crisis política. Su silencio ante tal amenaza es una manera de compartirla, con los riesgos que implica para Colombia.
Con su pretensión de definir un nuevo rumbo, Duque está casi alineado con el CD, evitando críticas de josé obdulios y palomas. Además, por indirecta orden de Uribe, busca entorpecer el trabajo de la JEP, poniendo en duda la sanción de su ley estatutaria. Y, para rematar, tras un doble fracaso, nombra a un converso como director del Centro Nacional de Memoria Histórica, que niega un conflicto armado de más de 50 años. Afirma que las guerrillas, al degradarse, perdieron su esencia como tales. ¿De qué manera buscará verdades históricas a partir de esta mentira?
Pero estos estímulos, para que no cesen las violencias que han acompañado la historia nacional, se superponen con el desgaste del teflón del presidente eterno, con lo cual su búsqueda de un nuevo empoderamiento político arrastraría consigo al CD y su cauda, pese al apoyo que reciben en redes mediante las fake news. Quienes adoran de esta manera las guerras y violencias jamás han tenido la oportunidad de “disfrutarlas” personalmente en escenarios de su accionar perverso.
De esta manera, el amanecer de 2019 en sus dos primeros meses está cubierto de oscuros nubarrones, aliñados con la creciente contaminación de ciudades como Bogotá, cuyo alcalde toma cosméticas medidas que confirman decisiones previas con compras de buses desechados en otras latitudes. ¿Será que estas compras y otras decisiones que afectan el medio ambiente contribuyen a un futuro placentero de un exalcalde alejado de poluciones ambientales y políticas? ¿Podrán Duque y el presidente eterno aspirar a un futuro promisorio?
* Miembro de La Paz Querida.