No hay duda de que la detención del neocaudillo —cuya impavidez negativa marcó siempre su conducta— es un hito en la historia política nacional de las últimas décadas. Sin embargo, su situación actual y la de su partido, el Centro Democrático (CD), no generarán efectos públicos incontrolables, dado el descenso de sus apoyos en la opinión pública.
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Los cinco magistrados de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia tomaron una decisión unánime, respaldados luego por las cortes ante infundadas críticas de correligionarios del presidente eterno. Uribe busca entonces politizar el juicio al pedir que se haga pública la investigación, con la pretensión de restarle objetividad jurídica. Estos acontecimientos incidirán en el proceso político por venir, particularmente en la campaña para los comicios de 2022. Ante esta situación, conviene revisar problemas por los que atraviesa el país, para buscar soluciones convenientes en defensa de la frágil democracia que nos rodea, atizada por la pandemia.
La política —que necesariamente influye en los comportamientos públicos— es el medio adecuado para buscar efectos positivos al respecto. Para ello deben seleccionarse factores fundamentales que ejerzan influencia para lograr este objetivo. A mitad del gobierno actual, que no ha sabido entender el país que le tocó administrar, con vaivenes en sus decisiones sin rumbo definido, se requiere comenzar a proyectar otro diferente, propicio para las circunstancias por las que atraviesa el país. Para comenzar, es pertinente retomar las ideas planteadas en medios periodísticos por Humberto de la Calle, para ajustarlas según las perspectivas políticas frente al inmediato futuro.
De la Calle ubica como problemas centrales el desempleo, la pobreza, la informalidad, la inequidad y la inseguridad. Señala también que no conviene la pugnacidad de Gustavo Petro contra figuras políticas, ya que genera un ambiente para anularlo con gavillas. Menciona además que el desconocimiento por parte del CD de los acuerdos firmados con las Farc no le conviene a este partido ni a la política nacional. Afirma que se requiere que el futuro gobierno se construya a partir de propuestas políticas y coaliciones afines, pero no comenzando con la discusión sobre posibles candidatos. Agrega que se necesita una visión diferente de la economía, como lo expuso en la anterior campaña presidencial.
Sobre esta base, plantea construir una coalición de movimientos y partidos con tendencias hacia el centro del espectro político y con figuras que comulguen con buena parte de estos planteamientos. A partir de ahí se decantaría un programa de gobierno que generará apoyos ciudadanos en busca de un triunfo electoral.
A las ideas de De la Calle podría agregarse el problema de la corrupción, tanto pública como privada, ya que ha debilitado los partidos y entronizado en la política regional figuras negativas que son un lastre para la endeble democracia nacional. Además, que eventualmente habría que contrarrestar posiciones políticas extremistas y populistas.
Con lo expuesto, buena parte de la ciudadanía puede comenzar a prepararse para confrontar dificultades políticas que se avecinan para construir un nuevo gobierno capaz de plantear soluciones a problemas que mandatarios anteriores han eludido.