En el país político hay un espacio vacío (insisto), surgido hace unos años y visibilizado a partir del fallido intento de ocuparlo por parte de ‘la ola verde’.
Las experiencias muestran que ese espacio podrán ocuparlo sólo dirigentes con ideologías sustentadas en valores éticos, sin que importe mucho su orientación política. Y quienes los apoyen no serán sólo ciudadanos independientes, sino también militantes de partidos. Pero no sobra recordar que no pocos partidos han cohonestado corruptelas.
Esta situación, sumada a la reafirmación de una derecha hirsuta disfrazada de centro —con candidato presidencial incluido— y a la “difícil” decisión del presidente de aprovechar la oportunidad para reelegirse, deja un campo libre hacia la izquierda, ya que —pese a sus ambigüedades para quedar bien con todo mundo— el Gobierno exhibe una posición de centro.
Por eso, del centro hacia la izquierda, partidos y movimientos intentan llenar ese flanco, con la dudosa idea de que al completar el espectro ideológico aparecería la posibilidad de pelear con ventaja una segunda vuelta, y eventualmente triunfar. Este escenario da para que imaginen, además, que la abstención se reduciría, ampliando su votación.
Con este panorama ideal se han inflado y desinflado antiguos y nuevos partidos y movimientos, al ritmo de coaliciones y aspiraciones que vienen y van. Acá, no es poca la ambición personalista de ciertos políticos, así como las ansias de algunos de figurar en la lista de excandidatos a la Presidencia.
Tal parece, entonces, que ésta no va a ser la coyuntura para llenar el espacio indicado al comienzo, aunque gracias al rebulú político actual queda la esperanza de que se mantenga, a la espera de un mejor momento para ocuparlo. Pero ese momento no viene solo, sino que hay que ayudar a construirlo.
Si eso es así, los actuales aspirantes a la Presidencia que tengan garra política, que imaginen un país en paz y que prevean el futuro poselectoral, deberían mejor formar parte de una lista para el Senado, con la tarea adicional de escudriñar en las regiones para elaborar listas similares para la Cámara. Buena parte de quienes votarían para que se ocupe ese espacio disponible en el país político —independientes, jóvenes, abstencionistas, etc.— apoyarían tales listas. Quedarían, eso sí, irreductibles aspirantes a la Presidencia, que ojalá no ayuden con ello a inclinar la balanza a la derecha.
Pero no sería poca la tarea de esos elegidos al Congreso: diseñar, apoyar e impulsar las reformas necesarias para avanzar hacia una democracia más incluyente. Solo que para ello tendrían que enfrentar a una ralea de congresistas —que hoy son mayoría—, aunque con el apoyo de políticos que han sido reacios a claudicar en ese desacreditado recinto. En esa tarea no podrían olvidar que se enfrentarían a la derecha hirsuta y a su caudillo, que no cesa de buscar la manera de apropiarse de lo que llama la patria. Y no podrían olvidar tampoco al fanático procurador, que ha dejado entrever su ambición de alcanzar una candidatura presidencial en el 18.
*Francisco Leal Buitrago