“Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?”. Y la historia económica argentina también. Está llena de experiencias desbordadas, vaivenes intensos y un sinnúmero de experimentos de política macroeconómica.
Para los argentinos, es el pan de cada día. Para nosotros, los colombianos, acostumbrados a políticas fiscales y monetarias bastante conservadoras, los episodios económicos argentinos son “la balada para un loco”. Pero hay que recordar que, con todo y eso, su ingreso per cápita es 50 por ciento más alto que el colombiano, y que tienen una sociedad, de lejos, con mucho menos inequidad económica y social. En la calle se hace claro de inmediato que dista de ser una sociedad tan feudal como la nuestra.
Con el peronismo de los años cuarenta se dieron transformaciones redistributivas rápidas, profundas y aun persistentes. Y es cierto: justo antes de comenzar el siglo veinte, tenían un ingreso per cápita que llegó a ser igual al de Estados Unidos. Hasta mediados de los años setenta, ese ingreso fue mayor que el de España. En 1950, duplicaba al del país ibérico.
A esa historia económica atractiva y convulsionada se suma lo que viene ocurriendo desde la semana pasada. Llevando menos de ocho días en el cargo, el gobierno de Macri decidió que el mercado, en lugar del propio Gobierno, definiría el precio del dólar (eliminación del cepo cambiario). Esto provocó una devaluación de 40 por ciento en un solo día. Antes de la medida, el miércoles pasado, mientras el dólar oficial costaba 10 pesos, los arbolitos, como llaman a los cambistas callejeros por su mercancía verde, lo vendían a 15. Con la decisión del nuevo gobierno, la convivencia de las dos tasas desapareció. Las rentas de los arbolitos se desvanecieron y seguramente también las de otros más grandes que se beneficiaban de adquirir dólares a una tasa oficial baja y venderlos en el mercado paralelo a un precio alto. El jueves, era casi imposible cambiar dólares en los bancos porque nadie sabía en dónde terminaría el precio del mercado de la divisa norteamericana. Hoy, en aparente calma, el precio del dólar oscila alrededor de 13,5 pesos. ¡Qué semana en Argentina! Al final, es muy probable que no haya arbolitos para navidad.
Viene ahora el reto gigante del gobierno de Macri: reconciliar diferentes metas macroeconómicas que, en el caso argentino, son todas ambiciosas. Una de ellas es la reducción de la inflación (se cree que está alrededor de 25 por ciento). Pero tendrán que hacerlo luego de haber escogido el salto en la tasa de cambio como condición. Difícil: hace parte del mapa genético de los argentinos esperar un espiral inflacionario cuando hay devaluación. La devaluación reduce el poder adquisitivo de los salarios, y los sindicatos argentinos, bastante fuertes, demandan incrementos salariales sustanciales. Los empresarios suben los precios para mantener sus márgenes de ganancia, y al repetirse esta rutina, el resultado es mayor inflación. Macri tendrá, además, que hacer un fuerte ajuste fiscal, este sí aparentemente gradual, para reducir un déficit cercano a 7% del PIB. El descontento social será inevitable. Macri se estará jugando todo su capital político, no muy consolidado aún, en una sola mano para alcanzar un pacto social que le permita hacer encajar todas estas fichas a la vez.
Todos los países tienen el reto de armar rompecabezas con metas que suelen contraponerse. Pero hoy en Argentina el tablero es el mismo y las fichas se han hecho más grandes. Por eso, sin duda, lo que está ocurriendo ahora en Argentina no será clasificado en la historia de manera tibia. Será o un éxito rotundo o un gran fracaso y seguramente hablaremos de “macrieconomía” en macroeconomía.
* El autor es el director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana.