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Resultado del plebiscito: ¿un asunto de clases?

10 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

Se acusó a los acuerdos de ser un “pacto de élites”. No es ilógico en un país con tanta desigualdad económica y política y pobre participación democrática. Lo curioso es que la acusación venga de la misma élite.

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Por eso debe quedar claro que las élites no están unificadas. Los Acuerdos de Paz representan un avance para aquellas que ven en la paz una oportunidad. Sin embargo, representan una desventaja para quienes más se han beneficiado de la debilidad institucional del Estado: las élites rentistas, “aquellos que sin hacer mucho se llevan una buena tajada del ingreso nacional”. Para estos últimos, la situación actual no está del todo mal, está bajo control. Hay tiempo, no hay afán.

Con el revés del plebiscito, ambos grupos dirigentes entraron en una negociación directa. Y ojalá que el resultado final sea lo más cercano posible a lo que se acordó en un principio y no a lo que pretenden los que ven en los acuerdos de paz un riesgo.

Afortunadamente, en medio de la “plebitusa”, como muchos han bautizado la sensación de descontento, impotencia y asombro por los resultados del 2 de Octubre, las noticias del Premio Nobel de la Paz y la intermediación del Secretario de Estado de los Estados Unidos, John Kerry, llegaron rápido como espaldarazo al Gobierno. La comunidad internacional ratifica de nuevo que los acuerdos son el más deseable, viable y realista de los caminos para Colombia. Si antes estuvo en los intereses de la comunidad internacional el apoyo a la lucha militar contrainsurgente, hoy es indudable que sus intereses apuntan a una resolución política del conflicto armado colombiano.

Pero si son tan claras las ventajas de los acuerdos ¿por qué casi 6 millones y medio de colombianos dijeron No? La respuesta puede estar en las clases sociales de los electores. Al fin y al cabo, hay un momento en el que las élites necesitan los votos del pueblo. De acuerdo con The Guardian, que recoge las últimas revelaciones sobre las campañas del plebiscito, los promotores del No “confeccionaron mensajes específicos para audiencias diferentes”. Para los sectores más ricos de la sociedad, se estimuló la idea de que los acuerdos significaban impunidad. En las áreas más pobres, se enfatizó que los desmovilizados recibirían subsidios gubernamentales a los que los pobres no combatientes no tienen acceso. La campaña del No interpretó lo que piensan muchos compatriotas y lo acentuó presionando los botones correctos.

El raquítico entusiasmo frente al proceso de paz surge de la dificultad de ver a nivel individual las ventajas sociales y agregadas de los acuerdos. Entonces, los colombianos con mayores ingresos “compraron”  el bien de lujo de impartir justicia sin concesiones. Los más necesitados se defendieron de algo aparentemente injusto: “¿por qué para los guerrilleros sí hay subsidios y trabajo, y para mí no?”. De esta manera, el No también convocó una protesta contra la pobreza y la falta de oportunidades.

Lamentablemente, no se dieron cuenta que la injusticia no viene de los acuerdos sino de aquello que los acuerdos intentan aliviar.

Coletilla. Sigue el trabajo por la paz. Hoy tendremos la Cátedra Fulbright-Javeriana: “Desarrollo para una paz estable y duradera”.

El autor es el Director del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana

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