Puede ser un tango que aviva nostalgias; una milonga que alegra; inspiración para una prosa o una melodía festiva; excusa para un chiste ocasional; o una imagen para congelar un pedazo del tiempo. Puede ser todo eso y más. Es esa la sensación que quedó la noche del martes 11 de julio, cuando en la “ciudad del Medellín” se presentó el proyecto “Cultura DIM”.
Cultura DIM es una iniciativa de un grupo de entusiastas que busca valorar todas las manifestaciones culturales y artísticas que giran en torno a este equipo de fútbol tan arraigado a la idiosincrasia antioqueña y a la historia del balompié en Colombia. Porque hay que decir que si bien el equipo no tiene el palmarés de títulos del rival de plaza, sí es un elenco que a lo largo de cien y pucho de años se ha enquistado en el alma de un gran número de pobladores de Medellín y de admiradores en muchos lugares de Colombia, y que es punto de referencia de la cultura antioqueña, al lado de otras instituciones como la Universidad de Antioquia, el Metro de Medellín, el Hospital San Vicente de Paúl; los silleteros, el Museo de Antioquia, el edificio Coltejer, la Gorda de Botero; o del restaurante Versalles y sus empanadas, y del Astor y sus moritos…y cómo no, el Atlético Nacional.
No puede, entonces, hablarse de la “cultura antioqueña” sin tener en cuenta a este, el decano del fútbol colombiano. Porque los equipos de fútbol en estos tiempos, más que máquinas de hacer dinero y catalizadoras de pasiones, también son mojones en la vida de sus gentes, en tanto hacen parte de la cotidianidad. Ya lo dijo el historiador holandés Johan Huizinga, el futbol puede “volverse parte cultural” debido a su posibilidad de transmisión y porque al practicarlo y hacerlo parte de los recuerdos, se torna en ya en acumulado cultural de los pueblos.
Quizá por ello, el Medellín, como institución, acogió este grupo de amigos —entre quienes se cuentan escritores, tangueros, fotógrafos, músicos, exdirectivos, exjugadores, representantes de barras o simplemente hinchas—. Sus directivos han entendido que lo más importante a la hora de pensar en el futuro es echar mano de las pasiones adobadas con el tiempo, pues esos amores acumulados ayudan a las instituciones futboleras a sobreaguar en los momentos más borrascosos: ¿qué, si no el amor sumado en el tiempo, llevó a que cuando River Plate, Independiente, en Argentina; la Juve en Italia; el América en Colombia, descendieran a la B, dio el impulso para que estos tomaran de nuevo rumbo y buscaran regresar a la categoría a la que pertenecían? Bien dicen por ahí que las instituciones —en este caso directivos, técnicos, jugadores— pasan, pero los sentimientos quedan. Y ellos son motores que, si se quiere, ayudan a construir nuevos rumbos.
Y esos amores hacia elencos como este, añejos en el tiempo, casi siempre devienen en manifestaciones artísticas y culturales. Y en ello, el DIM da cátedra: difícilmente en Colombia un equipo haya dramatizado más el entusiasmo por sus colores rojo y azul, y también lo que Héctor Abad llamó “las delicias de la derrota”: docenas de tangos y milongas, porros, vallenatos, música urbana; cuentos, crónicas periodísticas, fotografías, instalaciones, afiches, grafitis, souvenires, banderas descomunales, tifos… tanto derroche de creatividad y talento… Hasta una novela ha emocionado con la épica y la tragedia de todos estos querendones de un equipo al que muchos aman “así gane”.
De ello se quiere apropiar “Cultura DIM”. Así se vio en el ocaso de este martes, ¡martes!, cuando cientos de aficionados llegaban hasta el emblemático Teatro Lido de Medellín, al lanzamiento de esta comisión la cual contó con un espectáculo musical donde el tango y la milonga alternaron con los arreglos de la Murga del Indigente, grupo musical de jóvenes que alienta desde la tribuna Norte al equipo; y luego vinieron los escritores Juan Diego Mejía, Reinaldo Spitaletta, Juan José Hoyos a contarnos, desde adentro, qué es eso de “ser del DIM”; y hasta Mao Molina y el presidente y el mayor accionista y el director técnico se quitaron overoles y corbatas para mostrar que al Medallo ellos también lo llevan dentro; y estuvo el humorista Germán Carvajal con sus apuntes… y hubo video y exposición de fotografías. Todos ellos y todo ello, dando testimonio, desde el alma, de un sentimiento que es tan inexplicable como enraizado. Para “echar la bendición” de este proyecto vino desde Argentina el periodista Jorge Barraza, quien habló de periodismo y de literatura, pero también de esa otra pasión que nos une como latinoamericanos.
Ya el Medallo, emulando lo que hacen otros equipos grandes del mundo, dio el primer paso. Y dada la capacidad de convocatoria, todos los equipos de fútbol deberían apostar por proyectos como éste. Sería una forma de ir creando “una nueva cultura futbolera”; una cultura que refuerce su identidad, pero también una que vaya construyendo bases en torno al respeto y la diferencia —que se vale para el futbol y para la vida—. Ya lo dijo el escritor y periodista Santiago Segurola: más discurso futbolero mejora la práctica futbolera. Eso dijo don Santiago; y él sabe de eso.