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Ni tan despalomada propuesta

19 de marzo de 2015 - 10:13 p. m.

Desde este humilde espacio felicito a la doctora Paloma Valencia por su reciente iniciativa de un referendo para dividir el departamento del Cauca.

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Y no lo digo en sentido figurado ni en broma: con esta invitación de la doctora, descendiente del expresidente Valencia, está haciendo justicia a sus raíces y a una postura frente a algunos asuntos de la vida nacional.

La propuesta es interesante, entonces, en el sentido de la honradez de quien la presenta. En esta nación acostumbrada al “hagámonos pasito” y a las frases “políticamente correctas”, resulta ciertamente aleccionador que una mujer, con conciencia de su clase y abolengo, salga a la opinión pública a decir lo que muchos quizá piensan pero no son capaces de sostener. Paloma Valencia es coherente con su pensamiento y su proyecto, y eso hay que valorarlo.

La doctora Paloma, que de bruta —como dicen en las redes sociales— tiene muy poco, trae, quizá por otro camino, una vieja discusión, tan vieja como la República misma: un Estado centralista o federalista: un país donde —como ocurre— la mayoría de las decisiones se toman en una capital quizá desconocedora de las realidades locales; o, por el contrario, uno con autonomías regionales de acuerdo a unas características culturales, sociales, económicas. Discusión aquella que exacerbó los ánimos y sirvió de telón de fondo de no menos de diez guerras en el siglo XIX. Discusión que de haber sido resuelta en su momento nos habría librado de tantas muertes y zozobras.

No comparto ninguna de las propuestas de esta congresista; a esa “blanca Paloma” la mueven intereses y una visión del mundo y de la política quizá algo decimonónica y retrógrada para estos tiempos; Paloma representa esa mirada feudal, segregacionista y clasista que no ha permitido construir una Nación incluyente y diversa, asunto que ayuda a explicar gran parte de los males que acarrea la sociedad colombiana en sus 200 años largos.

Y sin embargo hay que aplaudirle la sinceridad de sus iniciativas. A lo mejor vale la pena que, de cara a un posconflicto, en esta Nación aprendamos a escuchar, y a escucharnos. Todos. Las verdades absolutas hay que dejarlas a las iglesias. La política, por el contrario, es el arte de llegar a acuerdos luego de los disensos, por “despalomados” que estos parezcan.

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