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De nuevo los falsos positivos

20 de enero de 2009 - 10:05 p. m.

“SÓLO UNA COSA NO HAY Y ES EL OLvido” dijo un famoso escritor argentino. Pero esta sentencia no aplica en Colombia. Aquí las cosas se olvidan fácilmente y se repiten una y otra vez hasta dejar de ser escándalos.

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Luego de varios centenares de asesinatos por cuenta de los falsos positivos el Ministro de Defensa sale a los medios a decir que el Gobierno está preocupado porque las Farc “hacen pasar a sus miembros abatidos en combate como campesinos, generando un falso positivo”. Se le olvida al Ministro que cuando estaba recién posesionado la oposición le advirtió sobre la gravedad de la situación. Santos subestimó las denuncias y acusó a la oposición de hacerles el juego a los terroristas. El país perdonó semejante salida del Ministro, lo que hubiera implicado su renuncia fulminante en cualquier democracia decente.

Ahora vuelve a repetir su actuación. En vez de solucionar un problema tan grave en la fuerza militar, Santos busca las causas de los falsos positivos en maquinaciones de la guerrilla. Puede ser cierto que las Farc intenten deslegitimar a las Fuerzas Armadas frente a las autoridades nacionales y a la opinión mundial al generar sospechas sobre nuevos falsos positivos, pero la verdad rasa y llana es que el problema surgió por la visión de un sector de los mandos militares de medir los resultados de la guerra por el conteo de enemigos abatidos. Las Farc nunca podrían utilizar a su favor el tema de los falsos positivos si no fuera porque gracias a la presión de los mandos se mataban civiles inocentes.

Lo que el país espera del Ministro es que, sin ablandar la presión militar contra la guerrilla, controle entre los miembros de las Fuerzas Armadas los excesos por obtener positivos, recompensas y ascensos. Y salvo la salida del general Montoya es poco lo que el ministro Santos ha hecho al respecto. Quizá tema que el control al uso de la fuerza pueda llevar a una desmoralización de las tropas en momentos cruciales para derrotar definitivamente a la guerrilla. Pero evadir la solución obvia, por ardua que sea, y buscar en conspiraciones de la guerrilla una salida al tema de los falsos positivos sólo lleva a postergar el problema y agravarlo en el largo plazo. Prueba de ello son las escandalosas grabaciones de la revista Semana, donde se aprecia cómo un mayor del ejército en Arauca pacta con un comandante del Eln la entrega de falsos positivos por la presión de obtener resultados.

Todo este asunto no sólo es crítico por el tema de los Derechos Humanos. Más grave es que tiene un efecto perverso para los resultados del conflicto. Al día de hoy el problema del Estado no es lograr la superioridad militar en combate. Ya la tiene por amplio margen. El problema es, tal como lo enuncia el texto de la política de Seguridad Democrática, lograr imponer el imperio de las leyes, es decir imponer el Estado de derecho. Y eso con litros de sangre y falsos positivos no se logra, sino con un despliegue de fuerza de vigilancia (militar y policiva) que garantice que la ley proteja a los ciudadanos a lo largo del territorio nacional. O si no, ¿qué puede esperarse de un Estado que además de no proteger a sus ciudadanos los elimina para demostrar que va ganando la guerra?

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