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Los otros falsos positivos

11 de noviembre de 2008 - 09:28 p. m.

DE TODO EL LEGADO DE ESCÁNDALOS del actual gobierno existe una categoría de ellos que resume cómo la sociedad colombiana pasa por encima de los individuos con la mayor indolencia.

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Nos muestra además cómo incluso la oposición no tiene reparos en utilizar dramas personales con tal de atacar al Gobierno. De alguna manera podrían ser considerados como falsos positivos, en el sentido que su sacrificio cumple una labor mediática a favor de terceros.

No me refiero a los asesinatos por cuenta de militares corruptos sino a aquellos funcionarios que se convierten en “chivos expiatorios” de los escándalos. Son falsos positivos porque la renuncia a sus cargos es utilizada por el Gobierno como un ejemplo de pulcritud administrativa, cuando en realidad la renuncia obedeció a una iniciativa propia de los implicados y a que ellos no tenían aspiraciones distintas a cumplir con las responsabilidades de su cargo. Tampoco tenían mayor respaldo político, ni mediático, ni de ningún otro tipo de poder, para defender su reputación. El hecho de haber renunciado implicaba que reconocieron su responsabilidad a dministrativa en incidentes desafortunados, pero en ningún caso que fueran culpables de actos delictivos. Eso fue pasado por alto y tratado sin ninguna consideración por políticos y periodistas de la oposición. Bien vale la pena la aniquilación moral de alguien si se trata de abrirle los ojos al país sobre la verdad del régimen de Uribe.

Uno de esos casos lo conozco de primera mano por cuestiones de amistad, el del anterior gerente del Incoder Luis Ortiz. No me corresponde evaluar el desempeño en su cargo, si fue un buen o mal funcionario. Ese no es el punto. La cuestión es que en su gestión en el Incoder pudo haberse dado una situación escandalosa, pero en ningún momento él sacó provecho personal ni tuvo conocimiento de los eventuales actos delictivos que se cometieron, tal como la Justicia luego lo demostraría. Lo acontecido podría resumirse así: i) como gerente del Incoder Ortiz tenía el deber de entregar las tierras incautadas por narcotráfico, ii) unas fincas de propiedad de El Mexicano habían sido invadidas por 100 familias desplazadas, iii) el Gobierno decidió entregar las fincas a los desplazados y comisionó al gerente del Incoder para realizar el trámite y iv) los beneficiarios de la adjudicación de los predios eran en su totalidad población desplazada debidamente certificada por Acción Social.

Tiempo después la prensa denuncia que los predios están siendo usufructuados por un paramilitar, se arma el escándalo y Ortiz renuncia a la gerencia del Incoder. A partir de entonces Ortiz se convirte en el trompo de poner de tirios y troyanos. El Ministro de Agricultura sacó pecho de su cero tolerancia frente a la corrupción. El diario El Tiempo cuando quiere que el ejecutivo rinda cuentas utiliza el nombre del antiguo gerente del Incoder. Los Congresistas y columnistas de la oposición si quieren llamar la atención sobre la pobre gestión del Gobierno en el tema de la tierra invocan el nombre de Ortiz.

No hay derecho a que por los intereses de unas colectividades se juegue con la dignidad de alguien. De hecho, la Procuraduría General acaba de absolver a Luis Ortiz. Nada de eso ha valido para que los personajes de la vida pública y los medios de comunicación rectifiquen todas las alusiones hechas contra él. Ojalá esta columna sirva así sea un poco para recuperar su dignidad y llame la atención de muchos otros funcionarios que se han convertido en los otros falsos positivos.

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