Todo parece indicar que una propuesta sorpresiva planteada el 6 de marzo pasado por el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, sobre la entrega de las armas y los fusiles, propuesta que en opinión de las Farc estaba por fuera de lo acordado en la Subcomisión para el Fin del Conflicto, precipitó la pavorosa crisis reciente en las negociaciones de paz de La Habana.
Esta propuesta lógica y esperada por 49 millones de colombianos fue la causante de la suspensión de las reuniones y de que alias “Timochenko” le enviara a sus tropas un mensaje donde habló de la posibilidad de que ese grupo guerrillero se levante de la mesa de diálogo y que retorne a las andanzas que durante más de 50 años de violencia realizaron.
“Pusieron a seis generales –afirma el mensaje aludido– casi un año con el comandante del Estado Mayor al frente de un equipo de coroneles y capitanes para que botaran corriente con los nuestros a sabiendas de que cuanto saliera no iba para el acuerdo final. Estamos ante una situación crítica”.
Para más del 70% de los colombianos la situación es crítica y, quizá, insuperable. Si las negociaciones de paz fracasaren, encuentro la mayor culpa en la intransigencia absurda de las Farc y en la desconfianza extrema del grupo guerrillero en el presidente Santos tanto como en las instituciones del país.
Coincido con el señor Rafael Nieto Loaiza cuando afirma que la palabra presidencial está desvalorizada. Que Santos erosiona la credibilidad y la capacidad de negociación de su equipo. Santos concede en exceso y antes de tiempo a cambio de poco o de nada. La guerrilla, zorra astuta, lo explota.
Recordemos que las Farc no aprobaron el Marco Jurídico para la Paz, ni el referendo, ni el plebiscito, propuestos por el Gobierno para refrendar los acuerdos de La Habana y, su último anuncio, tampoco aceptan las zonas de concentración por “ser cárceles al aire libre”.
Las Farc exigen como condición para desmovilizarse que se acuartele y debilite nuestro Ejército con el fin de dedicarlo en el posconflicto a vigilar las fronteras. Exigen que el Gobierno firme previamente una paz con el Eln y extermine a los ‘paramilitares’. Exigen una impunidad absoluta para saltar desde La Habana a recorrer el país libremente y pagados por los colombianos, para hacer proselitismo con las armas “dejadas ocultas” en sus manos, al tiempo que sus cabecillas ocupan curules gratis en el Congreso y en todos los cuerpos colegiados. ¿La rendición total del país?
Recordemos que el Gobierno, con razones ampliamente justificadas, tampoco les acepta una Asamblea Constituyente “gremial” con mayorías de las Farc. Esta Constituyente sería su blindaje óptimo contra la justicia internacional y para que a algún gobierno colombiano futuro no se le antoje encarcelar a los cabecillas como en Argentina con los militares.
Como consecuencia de los rechazos sistemáticos de las Farc a todas las propuestas del Gobierno para acelerar el firmar algo, a los colombianos nos van quedando claro que la verdadera voluntad de paz de las Farc se expresará si y solo si aceptaren desarmarse por completo y en breve plazo y si suspendieran todas sus actividades legales y criminales. Nada de esto parece estar sucediendo.