Hace ya algunos días se reunieron los altos jerarcas de la Iglesia Católica y como una de sus principales conclusiones le solicitaron al Gobierno controlar más activamente la minería ilegal, porque en no pocos lugares del país están destruyendo el medio ambiente, ya no con explotaciones artesanales para sobrevivir, sino con retroexcavadoras y demás sistemas sofisticados de propiedad de las narcoguerrillas. No solamente tienen la razón nuestros jerarcas, sino que están en pleno derecho para presentar tal solicitud.
En fecha también reciente, el no siempre acertado monseñor Rubén Salazar, le insistió al Gobierno y al país sobre la necesidad de dialogar con las guerrillas, como única solución para terminar décadas de conflictos. En este tema también tiene derecho, mas no tiene la razón, porque mientras persista la extrema pobreza de nuestro pueblo y la demanda de drogas ilícitas, en Colombia no habrá paz.
Monseñor Salazar no parece haber analizado los fracasos de nuestros procesos de paz, durante los gobiernos de Belisario Betancur y Andrés Pastrana, en los cuales les brindaron honestamente todas las garantías para deponer las armas y, en cambio, retoñaron con más violencia y terrorismo. No pierda de vista Monseñor que a ellos no les interesa nada diferente del poder total para gobernar a la manera de Castro y de Chávez. Creo que el país no lo acompaña a usted debido a los riesgos de su propuesta.
Y hablando de las causas de la pobreza extrema. Estimo que algunos prelados de la Iglesia Católica tratan de monopolizar la defensa de los pobres en competencia con otras ideologías fracasadas. Pero la amarga realidad no hace nada diferente de demostrar los fracasos de tal defensa mientras exista una relación de causalidad evidente entre la natalidad irresponsable y la pobreza extrema. En casi todos los demás temas, aprecio las enseñanzas de la doctrina católica.
¡Qué trascendental y oportuno habría sido que a la par con la solicitud sobre la erradicación de la minería ilegal hubieran acompañado nuestros jerarcas algún documento para solicitar y apoyar al Gobierno en una campaña en favor de la paternidad responsable!
Algunos colombianos consideramos que el aumento de embarazos en las adolescentes, las pobres mujeres colombianas con tres o más hijos todos de padres diferentes que presentan nuestros noticieros de televisión, deberían abordarse en las reuniones tanto de los altos jerarcas como en nuestro incompetente Congreso.
Sospecho que la tasa de fertilidad, esto es, el número de hijos por cada mujer durante los años con capacidad reproductiva, se ha incrementado levemente en Colombia en años recientes, en lugar de disminuir, sobre todo, entre los sectores de extrema pobreza.
En aquellos tiempos cuando el sol giraba alrededor de la tierra, insistía la moral de algunas religiones en mantener elevadas las tasas de natalidad, hoy de fertilidad, para nutrir los ejércitos feudales. Pero a la fecha, esos niños sin alimentación, sin educación y sin empleo… terminan engrosado las filas de la narcoguerrilla terrorista o las bandas criminales de nuestras ciudades.
La racionalización de la natalidad es un tema ineludible hoy en el mundo contemporáneo. Tan perjudiciales son las bajísimas tasas de fertilidad de algunos países ricos, como las irresponsables tasas en no pocos sectores miserables de los países en desarrollo.