La revista The Economist también ha llamado la atención sobre el atascamiento de la máquina de crear empleos en los Estados Unidos, así como la posibilidad de que la presente generación sea la primera en dicho país, en tener un estándar de vida inferior al de sus padres. En algunas ciudades ya se nota el deterioro.
Un profesor de economía estadounidense, Ralfph Reiland, teme que la creación de empleo siga atascada, por culpa de las ideas geniales de Obama. Según Associated Press, una de las primeras órdenes ejecutivas de Obama, firmada un poco después de posesionarse, la cual fue aprobada el pasado 14 de diciembre, "les exige a las empresas fijar avisos en los sitios destacados de ellas, explicándoles a los trabajadores su derecho a sindicalizarse, a distribuir literatura sindical y a unirse para realizar otras actividades sin ser sancionados".
Los avisos aludidos -sostiene el profesor- no mencionan que conquistas sindicales como los mayores salarios y las pensiones de jubilación, discriminan con frecuencia contra los desempleados y los jóvenes que ni siquiera han logrado iniciar su vida laboral, porque elevan los costos de producción, reducen las ventas y no se crean para ellos nuevos puestos de trabajo de calidad. Más injusto que un salario bajo es un padre de familia desempleado.
General Motors, por ejemplo, perdió las dos terceras partes de su mercado, al pasar de tener un 60% de este en 1970, al insignificante 20% a la fecha. Nuestro experto estima que esta pérdida está muy ligada al arribo de empresas extranjeras como Toyota, sin sindicatos irresponsables, las cuales sacaron a lo otrora todopoderosa GM del mercado con base en sus mejores precios.
Estos sindicatos nunca se dieron cuenta de que estaban creando una estructura de costos insostenible, con más trabajadores devengando $130.000 dólares por año, sin hacer nada, que los que había en las líneas de trabajo. En Colombia, entre el presidente Santos y su vicepresidente Angelino, también se contribuye a crear una estructura de costos insostenibles, debido a sus incrementos de salarios más revaluación cercanos al 15% por año. Algunos sectores de la economía no soportan esto.
"Unirse para realizar juntos otras actividades sin ser sancionados" suena como lo más normal, como cuando unas dos o tres secretarias se reúnen para solicitar que les incluyan más verduras o más frutas en el menú. Pero los avisos no evitan que los sindicatos se reúnan con frecuencia para detener o reducir la producción y hasta para destruir las compañías.
El presidente Obama -concluye Reiland- ignora que a ningún empresario le agrandan los avisos para señalar al jefe como el problema, a los sindicatos como la respuesta y los brazos caídos y las huelgas como la solución. Al presidente Obama no parece importarle que la deuda del gobierno ascienda en este momento a 14 millones de millones de dólares, esto es, 140.000 dólares por familia. El presidente Obama no analizó el censo del año pasado en los Estados Unidos, en el cual se reconoce un éxodo de trabajadores y de empresas desde las regiones muy sindicalizadas hacia las poco sindicalizadas.