El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La paz sin la fuerza del pueblo

22 de mayo de 2015 - 09:44 a. m.

Las declaraciones y las filtraciones recientes sobre los planes del presidente Santos y sus amigos para concluir las negociaciones con las Farc son cada vez más retorcidas y reveladoras de sus intenciones imperiales, tendientes a decidir a su antojo y sin la fuerza del pueblo en temas con profundas repercusiones futuras sobre todos los colombianos.

PUBLICIDAD

El funesto fiscal Montealegre ha insistido en que el presidente dispone de facultades legales suficientes para darles vigencia a los pactos con las Farc sin necesidad de refrendaciones populares. Que ‘Timochenko’ es plenipotenciario del gobierno en La Habana; pero de inmediato lo corrigió Sergio Jaramillo. Por los medios de comunicación, inculpó Montealegre a Luis Alfonso Hoyos como determinador y autor intelectual de muchas actividades delictivas.

El incoherente Montealegre propone penas alternativas a la cárcel para que los cabecillas de las Farc puedan ocupar sus curules en el Congreso; pero en Estados Unidos afirma que les ha abierto procesos a 11.000 guerrilleros y que no habrá impunidad.

El senador Armando Benedetti y el ministro Juan Fernando Cristo niegan con evasivas que en Palacio se haya contemplado una “ley habilitante” a la manera de Venezuela para el presidente Santos. Pero acto seguido confirman estos rumores las facultades extraordinarias que le concedieron al presidente Santos sus mayorías sobornadas en el Congreso, en el Plan Nacional de Desarrollo, con el fin de determinar la política de tierras, so pretexto de ‘transformar’ el agro.

De las discusiones que adelantan seis altos oficiales de las Fuerzas Armadas con las Farc en La Habana, en las que sueñan o engañan con el cese el fuego bilateral definitivo y con desarme, se ha revelado: “El Gobierno buscaría concentrar a los guerrilleros en 20 zonas, allí permanecerían armados y vigilados por las autoridades”. En agosto debería estar listo el modelo para implementar el alto el fuego bilateral y en diciembre el desarme, la desmovilización y la reintegración.

Las partes tienen previsto que en estos sitios de concentración permanezcan los guerrilleros durante “al menos seis meses”, mientras los colombianos van a las urnas y deciden si apoyan o no los acuerdos de paz. Luego de refrendado el acuerdo, se realizarán el proceso de desmovilización y la reintegración. La dejación de las armas contempla varias opciones, una de ellas, entregarles a las Naciones Unidas más de 7.000 fusiles y 25.000 armas cortas. ¿Sueñan despiertos?

Numerosos colombianos tememos que las 20 zonas de concentración se conviertan en 20 Caguanes. Que los “al menos seis meses de concentración en ellas” se prolonguen indefinidamente. Que todo le esté concedido a las Farc antes de que todo se haya convenido, ejemplos, impunidad total y ‘transformación´ del campo. Que la firma de la paz marque el inicio del verdadero conflicto por la connivencia con el narcotráfico. No confundamos la paz con una permisividad y unos diálogos sin fecha límite, contradictorios, sin enfrentar las insurgencias y sin contar con la fuerza de respaldo del pueblo.

 

 

 

 

Conoce más
Ver todas las noticias