Después de escuchar numerosas intervenciones públicas del hoy presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, me atrevo a calificarlo como un demagogo, es decir, como un experto en el halago de personas intrascendentes para hacerlas instrumento de su propia ambición política.
Obama enfrentará cuatro grandes retos, a saber: superar la crisis financiera de los Estados Unidos; atender conflictos o tensiones con Rusia, con Irán y con otros países; disimular el creciente proteccionismo comercial de los Estados Unidos; y, por último, cumplir sus propias promesas de campaña.
En la superación de la crisis financiera doméstica parece ser donde mayores logros obtendrá, porque se encuentra bien rodeado y porque es partidario de una mayor regulación de los mercados, omisión de Bush que les costó perder el poder a los republicanos. La solución de la crisis financiera doméstica seguramente implicará el agravamiento de tal crisis en numerosos otros países. Porque cuanto conviene a los Estados Unidos no siempre le conviene a los subdesarrollados.
El señor Obama ha hablado de renegociar tratados comerciales por doquiera, para lo cual propone introducir cláusulas para proteger a los sindicatos estadounidenses, para exigirnos proteger el medio ambiente con estándares que no cumplen ni ellos mismos, para levantar barreras sanitarias, en fin, para inventarse obstáculos al libre comercio a diestro y siniestro. Por temor a este inocultable proteccionismo no aplaudieron los asiáticos la elección de Obama. Para el TLC con Colombia tampoco constituye su elección motivo de regocijo.
Pero donde más temores suscita tal elección es frente a los conflictos, frente al terrorismo internacional. Rusia, por ejemplo, ya le midió el aceite, porque al otro día de su elección anunció la colocación de cohetes en su frontera con Polonia, para contrarrestar los de la Otan.
En un "blog" estadounidense se rumoraba que Israel proyectaba bombardear próximamente las instalaciones para producir bombas atómicas de Irán, porque, de antemano, temían que Obama, por hablar sandeces con Almadinehad, no se alinearía con ellos y permitiría que Irán le disparara primero a Israel sus proyectiles atómicos.
Frente al terrorismo y al narcotráfico en Colombia, tampoco son halagadoras las expectativas. Con la disculpa de la crisis interna de la economía del Tío Sam, ya anunciaron que nos diezmarán las ayudas. Chávez y sus amigos se aprestan a ocultarse bajo el manto de su amistad con el ingenuo de Obama para continuar su expansión por toda Latinoamérica. Quiera el Cielo que no nos encontremos frente a otro fatal Jimmy Carter.
El cuarto y último reto lo constituyen las incontables promesas de campaña que no podrá cumplir Obama ni a nivel doméstico, ni a nivel internacional. Por fortuna, no logró dominar totalmente el Senado y la Cámara para darle rienda suelta a un reformismo atolondrado y fatal. No es de extrañar si su popularidad se desploma casi desde el comienzo.