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Resultados electorales inesperados

07 de junio de 2010 - 07:40 p. m.

Sospecho que nadie esperaba los resultados de las elecciones del pasado 30 de mayo.

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Nicolás Gómez Dávila, autor de la monumental obra Escolios y uno de nuestros más agudos pensadores, solía afirmar que "los colombianos aciertan cuando llegan a unas elecciones atemorizados por algunos malos candidatos, pero se equivocan cuando llegan tranquilos frente a todos ellos".

Y esto fue, en mi opinión, lo que aconteció el pasado 30 de mayo. Antanas Mockus y sus Verdes atemorizaron el país con su histrionismo y sus contradicciones.  Anunciaron incrementos en los impuestos, señalaron la modernización industrial como fuente de desempleo, insisten en la legalidad sobre la seguridad interna y externa, olvidando que el Ejército debe llegar primero que el juez que proponen en cada municipio. Hablan de educación, pero no la ejemplifican con las reacciones agresivas y ramplonas  del “profesor” Mockus. Prometen sin poseer mayorías parlamentarias.

Las intervenciones del señor Antanas en los debates le resultaron ser fatales.  Evadía las respuestas concretas con argumentos filosóficos crípticos. Iniciaba frases que dejaba luego en el aire. Acusaba visibles esfuerzos para expresarse en forma coherente, lo cual nos recordaba su enfermedad de párkinson, cuya severidad bien podría agudizase a consecuencia de 24 horas de tensiones de un presidente.

Pero los colombianos también se atemorizaron con la incompetencia de algunos de sus compañeros de campaña.  Hitler fue considerado como un gran político, pero cuando asumió las funciones de general, alcanzó su "nivel de incompetencia", y arruinó a Europa. Todos, absolutamente todos,  tenemos un “nivel de incompetencia”. Un profesor o un alcalde no garantizan un buen presidente.  Por esto intimidó e intimida un gobierno colegiado con influyentes incompetentes presidido por Mockus.

Por el lado de los conservadores pastranistas, con su superficial candidata Noemí Sanín, tampoco se esperaba una votación tan baja. Del 24% del caudal electoral que contabilizó el Partido Conservador el 14 de marzo cayó ella al apabullante 6% el pasado 30 de mayo.  Lo anterior no implica el fin de los azules, porque lo que contará para la gobernabilidad durante el próximo gobierno será la bancada conservadora en coalición con Juan Manuel y no con la autoaislada Noemí.

Tan estruendoso fracaso se atribuye a que la animadversión del señor Andrés Pastrana contra el presidente Álvaro Uribe no le rindió dividendos. Se equivocó en todo, en la consulta abierta a todos los partidos, con el nombramiento del jefe del Partido, con la elección de su candidata, con la estrategia, con sus  inculpaciones contra Arias y Santos… Como rechazo a todos estos errores,  adhirió la bancada conservadora, en pleno, por la unión programática con el candidato Juan Manuel Santos. 

Por el lado de las toldas liberales no difieren mucho las circunstancias. Nadie esperaba un 4% para Rafael Pardo después de haber liderado a los rojos hasta obtener un 18% del Congreso. El voto por Pardo tampoco representa el partido liberal. La enemistad del ex presidente César Gaviria y de Rafael Pardo con el uribismo tampoco les fructificó. Como consecuencia de esto, el Partido Liberal los  abandonó en una fuga precipitada. Espero que muchos de ellos sufraguen por su aliado natural, Santos. 

Germán Vargas Lleras sí alcanzó el “nivel de competencia” para aspirar a una futura presidencia, siempre y cuando no dilate su adhesión a Juan Manuel y, peor aún, que apoye a Mockus.  Sospecho que ya muchos de sus seguidores también partieron en estampida.

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