Es el sentimiento que tenemos todos quienes disfrutamos del juego y presentación de esta selección de Colombia. Llegó al sitio más alto, donde ninguna otra similar se había situado, porque fueron cuatro victorias y una derrota, que tiene varias observaciones por hacer.
Dar las gracias porque este conglomerado logró despertar un sentimiento de solidaridad en un pueblo pocas veces unido por causa especial. Vivir la interpretación del himno nacional, ver a la cantidad de compatriotas apoyar en estadios de Brasil a este equipo, fue poner la carne de gallina. Ver la entrega de los jugadores, la unión de ellos en los momentos felices y difíciles, apreciar las lágrimas de un joven como James, diciéndole adiós al Mundial y contagiando a todos con la entrega, obligan a extender a todos ellos una sencilla frase. Muchas gracias por la alegría difundida y la oportunidad de descubrir valores y sentimientos escondidos entre nosotros.
El juez que con anticipación había sido descalificado, por sus ejecutorias en el campeonato español, pero quien resultó árbitro de bolsillo de la Fifa, cumplió con su papel. Para él, Fernandinho pegó con licencia, nos dio un penalti porque resultaba grosero ignorarlo y en general con tendencia a solucionar las dudas pitando a favor de Brasil.
Lo anterior resultó un capítulo oscuro en el juego. Además Colombia que nunca había estado por debajo en el marcador, cometió un error en defensa (Carlos Sánchez olvidó marcar a Thiago Silva ) y fue mucho el desorden visto en el primer tiempo. Ni Guarín ni Ibarbo y también cuadrado, respondieron a su nivel y solo en los últimos 20 minutos del partido, Colombia arreció, embotelló a Brasil y creó tal suspenso que Scolari casi tiene infarto.
Cuando se extravían los papeles, se enreda el juego, generalmente se vive un caos y eso nos ocurrió. Perder o ganar es la única salida en cuartos de final. Perdimos, entregando todo, con desorden y empujando esta historia se puede ampliar. Quiero es sencillamente reconocer la gran alegría que proporcionó esta selección durante unos 15 días a un país, que gracias a ellos descubrió un motivo para pensar en la unión, en el abrazo fraternal e intentar cada día ser mejores. Es un simple equipo de fútbol que con el ejemplo motivó, en todos los estratos, un recuperar confianza y fe. Muchas gracias y me quedo corto en el pequeño homenaje, nunca una selección había llegado tan lejos y deja sembrada la ambición de estar más arriba.