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Claroscuro

05 de marzo de 2012 - 04:57 p. m.

Así fue la semana de nuestro fútbol. La alegría producida por la manera de jugar de la selección de Colombia resultó un bálsamo en medio de la expectativa por conocer qué tanto podía aportar Pékerman.

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Jugó bien, con sentido claro de ataque, llevando siempre la iniciativa ante México. El argentino requería ganar confianza ante los aficionados y abrir un cofre de esperanzas ciertas para el futuro de los juegos ante Perú y Ecuador. Dicho de otra forma, tiene bien ganado su voto de confianza.

Pero la realidad de nuestro campeonato es bien diferente. A excepción de Nacional, que aún carece de continuidad en sus ejecutorias, pues un día está para diez puntos, caso su victoria ante Peñarol, y otros se embolata, los demás equipos muestran el mismo esquema timorato con grandes lagunas defensivas y uno que otro jugador marcando diferencia. Tanto así que veteranos, con 35 años, Néider Morantes y Milton Rodríguez, goleador, son ejemplos válidos de lo anterior.

Uno de los principios básicos del fútbol es armar con un buen arquero y una defensa de cuatro jugadores, que es la moda práctica en Colombia. Esas líneas son inseguras: si no transmiten solidez, de ahí en adelante, a no ser que estén jugadores fuera de clase, se hace difícil pensar en equipos serios, porque se podría dar el caso de recibir un equipo tres goles en su valla, pero con volantes y goleadores.

Capítulo aparte merecen los técnicos, a quienes hay que entender en sus necesidades personales. Prefieren salir a no perder, amontonan gente en la defensa y anhelan llegar al cero a cero. Es ahí cuando los juegos se ven planos, aburridos, repetidos, previsibles. La única esperanza, contar con un buen cobrador de tiros libres o un buen cabeceador en los tiros de esquina. Por eso el brasileño Almeyda, de Júnior, ofreció puntos y hasta Ithurralde, con la conciencia intranquila por el error en el gol de Real Cartagena, dio al menos el empate a los azules.

Además, al no existir procesos a largo plazo para los técnicos, éstos quedan atados a la inmediatez de los resultados, y como muchos jugadores no tragan entero ya son conscientes de ofrecer opiniones sobre por qué se juega mal. En la velocidad de las redes sociales, cuando menos se espera, el entrenador va conociendo cómo la opinión de los suyos encuentra eco en los hinchas y se activan entonces los mecanismos de presión y de hechos. Los jugadores saben de matemáticas simples y comprenden que es más fácil sacar a uno que echar a tres o cuatro jugadores, y, por supuesto, menos costoso.

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