Diferentes verdades se ratificaron en el papelón de la selección de Colombia en su caída ante Costa Rica, que afortunadamente no alteró el plano de la clasificación de la Copa América Centenario ni las posibilidades de volver a contar con la idea de arrimar a semifinales.
Confirmada quedó la diferencia entre titulares y suplentes. Y no es una revelación en este partido. Siempre fue así, ignorando aquellas frases usadas por técnicos para quedar bien con los planteles: “En mi equipo no hay titulares ni suplentes, todos están en igualdad de condiciones”. Es una de tantas mentiras piadosas que en el fútbol existen.
Confirmado quedó el riesgo que significa realizar 10 cambios a una formación titular que venía actuando y poner otra que tal vez no había estado en un partido completo ni siquiera en entrenamientos.
Confirmado quedó lo mucho que extrañan los jugadores cuando son enviados a posiciones diferentes a las habituales en sus respectivos equipos. Caso concreto de Yerry Mina, quien siempre se destacó en su puesto de marcador central por zona derecha.
Confirmada quedó la preocupación que crecerá en jugadores como Dayro Moreno y Sebastián Pérez, quienes nunca se sintieron cómodos, ni se les notó atención a lo que se pretendía con ellos.
Confirmado que Carlos Alberto Sánchez está para ser dueño del puesto en la posición de volante central de la selección de Colombia. Fue el más aplomado, quien quiso llevar orden y distribución en el juego contra Costa Rica.
Confirmada quedó la tozudez del técnico José Pékerman. Parece que sus ayudantes no le hacen caer en cuenta de los riesgos y consecuencias de este tipo de experimentos, en los que se incorporan hechos como excesiva confianza y menosprecio al rival, tal como pasó el sábado.
La gran lección de esta derrota frente a los ticos es que ni tenemos tantos jugadores de élite ni debemos mirar por encima del hombro a los adversarios, por eliminados o flojos que sean.