Sé que para la enorme masa seguidora de Millonarios, quedar por fuera de una etapa de finales resulta ser una mezcla de decepción y frustración.
Decepción, porque aunque el equipo como tal no fuera una maravilla, había esperanzas de arrimarse a los ocho, en un campeonato donde el nivel técnico no resulta de alta competencia. Es decir, había con qué pelear por el octavo lugar. Frustración grande, porque año tras año las promesas son las mismas y los resultados los mismos; que este año sí, que vienen refuerzos, que el técnico es una persona capaz y de excelente manejo de grupo, etc. Todo parece un catálogo de promesas propias de políticos en campaña.
Como ya se sabe del interés de Máyer Candelo por regresar a Perú a Universitario y de las escasas intenciones para retener al discreto y modesto grupo de extranjeros, pero no se sabe cómo será el caso de Osorio, el goleador, el segundo semestre será de reformulación obligada en el plantel y volverán a nacer las ilusiones y volveremos a centrarnos en la discusión de siempre. ¿Sirve el técnico Páez o no sirve? Si es por los resultados, ya está sentenciado su futuro y no se necesita ser ni adivino ni enemigo para saber lo que vendrá. El asunto es que Millonarios requiere de jugadores de categoría.
Viendo la victoria del Cali sobre Santa Fe, al que le falta muy poco para llegar a finales, hay detalles para precisar. Por ejemplo, en los dos últimos juegos Ómar Pérez, el guía y organizador del fútbol cardenal, anda mal, impreciso; él que en los pases en profundidad es clave para poner a sus laterales o delanteros en zonas cercanas al arco contrario. La sensibilidad para manejar la pelota la viene perdiendo y parece inseguro, tanto así que la pena máxima desperdiciada delante de Mondragón parecía anunciada. Poco recorrido y le pegó a la pelota sin convicción ni fuerza. La reflexión no tiende a descalificar a Pérez, sino a señalar la situación que vive. No sé si está lesionado, si tiene problemas personales que lo distraen o sencillamente está cansado. Lo cierto es que requiere de un reacondicionamiento físico y mental de inmediato, porque el Santa Fe depende de él. Otro que viene declinando es Copete; luce enredado, con ganas, pero sin claridad. Cuando actuaba más en la raya izquierda se sentía más a gusto y su aporte al equipo era más significativo. Santa Fe perdió el invicto, aunque está ahí. Lo que falta es poco.
El Cali, con jugadores livianos, rápidos, como Jeferson Murillo, le ganó bien a Santa Fe, con los dos delanteros, Nazarit y Biscayzacú, activos y generosos. Al primero, dos veces los palos le quitaron claras opciones de gol, y el uruguayo, movedizo, anotó y me parece que Comesaña lo sacó equivocadamente.