Es una historia como tantas otras, de común ocurrencia en nuestro fútbol. Andrés Murillo, defensa central, zurdo, buen biotipo, quien venía jugando desde el año pasado en La Equidad, arregla maletas para viajar al Santos Laguna de México.
Oriundo de Zarzal, en el Valle del Cauca, llegó a Bogotá a los 17 años a probar suerte en Millonarios. No pasó la prueba y antes de regresar a su tierra consiguió puesto en La Equidad. Ya fue convocado en algunos microciclos por el Piscis Restrepo. Sin mayores fundamentos técnicos, pero con las condiciones naturales, está en camino de salir adelante en esta experiencia. Va con opción de compra, a préstamo, pero con el control de La Equidad.
Así como Murillo, nuestros equipos se aferran a esa tabla de salvación económica que significa transferir futbolistas con preferencia al exterior. Nacional, por lo menos, partiendo de Copete, seguramente ubicará tres jugadores afuera. Júnior ya dio luz verde a Celis para Europa y esperan concretar los casos de Jarlan Barrera y Vladimir Hernández. Cali, con Santos Borré a la cabeza, ya para el Atlético de Madrid, puede desprenderse de al menos dos jugadores juveniles. Millonarios puso a Jorge Carrascal en Sevilla, y Santa Fe a Mina en Brasil, y preguntan por Perlaza.
Mal contados, mínimo diez futbolistas criollos emigrarán, sin que eso signifique rebajar el nivel del campeonato. Sí preocupa que los equipos colombianos, con pocas excepciones, se parecen a las fundaciones sin ánimo de lucro que pululan en el medio. Deberían ser empresas con ánimo de lucro para que se estabilicen y operen como debe ser. Cada día se escucha el lloriqueo por la difícil situación económica, cuando ahora cuentan con recursos de los contratos de televisión, patrocinadores y algunos con estupendas taquillas. Pero la mayoría de directivos, son aficionados-hinchas del fútbol, sin formación de administradores. ¿Por eso están siempre quebrados? ¿O será que les conviene?
Por supuesto que a rey muerto, rey puesto. Se irán unos diez, habrá ocasión para otros diez, aunque lo importante es que tengan condiciones reales para jugar y no el barniz y la carreta que utilizan los llamados apoderados, representantes y que atentan contra el nombre de aquellos empresarios reconocidos y autorizados por la FIFA.