Entre viernes y sábado me puse a ver qué tanta era la efectividad, traducida en goles, de los equipos en la fecha. No vi al Huila y el Júnior, ni tampoco la goleada del Boyacá al Cúcuta.
Ahí, por mala suerte, me perdí los goles, que a la larga continúan siendo, desde tiempo lejano, la esencia para quien va a fútbol. Porque eso del cero a cero justificado con explicaciones tácticas ya me sabe a carreta barata. Es querer justificar la ineficacia del sistema o la incapacidad de los delanteros.
Pero vea usted que el Quindío alcanzó; si se aplica lo de la efectividad, la tuvo en gran medida delante del Cali. Una sola llegada y un gol, ciento por ciento de eficacia. El gol de Hilton Murillo, quien aprovechó unas manos flojas de Farid, pusieron a su equipo a soñar con los tres puntos. Después el Cali, con la pelota, las intenciones, el permanente préstamo de balón entre Cuéllar y Pérez, consiguió salvar un punto. Y eso que Domínguez, que cobra tiros libres, de esquina y todo lo que signifique oportunidad de centros para el cabezazo de Nazarit, se dio el gusto del empate.
El líder Tolima jugó casi 60 minutos ignorando deliberadamente a Nelson Ramos. En 45 minutos del primer tiempo no realizó un sólo remate al arco azul, y en la complementaria, Andrade, con un excelente pase de Marrugo, cada vez más jugador en el armado de juego, puso al Tolima adelante. Y de ahí hasta el final montó lo que siempre tuvo en el fútbol un curioso apelativo ecuestre: una genuina herradura, y espere, y aguante, con paciencia exagerada, la misma que quizás han adquirido en esos largos viajes en bus o en las insoportables esperas en aeropuertos, y la que muestran hasta esperando las quincenas. Y Millonarios se dio por bien servido con un extraño gol de Osorio.
Tolima es primero gastando poco en ataque y haciendo de su zona defensiva el mejor modo para jugar, porque también vale saber defenderse. Claro que los grandes equipos son aquellos que manejan el concepto doble de defensa y ataque con precisión. Por ahora, al Tolima con saber el de defensa parece que le alcanza.
Millonarios consideró, al menos en este partido, que la media distancia podía ser la solución casi única. Pero fue totalmente errático y eso que Ramírez por ahí estrelló un remate en el horizontal.
Dos detalles finales. Teo Gutiérrez, cuyo destino está claro, pues saldrá de Racing de Argentina con rumbo, se creía hace un mes, a Portugal, tiene que dejar de pelear y hablar tanto. Ya los hinchas se cansan de sus pataletas y de las tarjetas rojas por protestar. Si es delantero debe saber, y en eso no se puede equivocar, que el juego fuerte, la marcación encima, los empujones y codazos son los precios a pagar por su condición de goleador. Si no acepta ese papel, no cuajará como el gran jugador que debe ser, sobre todo por sus condiciones técnicas.