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El espíritu

24 de abril de 2017 - 10:00 p. m.

Por más profesional que sea el fútbol, quienes lo juegan exhiben sentimientos y reacciones propias del ser humano. En los momentos difíciles o dramáticos en la vida, en el interior de cada uno se dan motivaciones desconocidas. Un narrador, Marco Antonio Bustos, con quien tuve la fortuna de trabajar mucho tiempo, usaba expresiones populares y que calaban en el ambiente deportivo. Cuando veía un equipo que estaba por alcanzar un resultado hacia el final de los 90 minutos, anotaba: “no está muerto quien pelea”.

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Eso se puede aplicar a la victoria de Barcelona en campo ajeno. Llegó a Madrid, con la eliminación de la Champions a cuestas, un lastre del cual era difícil zafarse, más cuando se oían los rumores sobre el flojo momento de Messi, su gran estrella y figura determinante para un resultado. Mucho escribieron en la misma Cataluña acerca del fin de un ciclo. Además, su técnico, Luis Enrique, días atrás había alertado sobre su salida del cargo. En fin, muchos factores jugaban en contra de la estabilidad emocional del equipo.

Pero el fútbol premia a quienes no se sienten ganadores antes de jugar. Ese fue el caso del 3-2 a favor de Barcelona. El juego es tan cambiante que James con su gol iba a figurar en todas las portadas de diarios deportivos y de paso se podrían acentuar las críticas para Zidane, quien no lo considera pieza titular. Messi se encargó de sepultar esa situación y hoy nadie menciona el valor del gol de James si el marcador hubiese sido 2-2.

Pero, y esto es lo más importante, por espíritu o heridos en su amor propio, los jugadores del Barcelona, que llevaban las de perder en el Bernabéu y en las apuestas, supieron aprovechar el conformismo del Madrid, que con el empate seguiría acaballado en el mejor lugar de la tabla de posiciones.

Claro que otros agradecen el resultado, porque, a pocas fechas del cierre, un tropezón y cualquiera, como dice el tango, lo da en la vida, anula los pronósticos. Como dijo Bustos: “no está muerto quien pelea”, o, para apelar a frases más sencillas, los partidos acaban cuando acaban, o mejor, viven hasta el pitazo final. Creo a distancia que el amor propio y el orgullo llevaron a Barcelona a pelear el partido hasta la sentencia y el resultado restaña las heridas de la eliminación sufrida ante la Juve.

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