Si un equipo no dispone de plan serio ofensivo, si no tiene jugadores para ese efecto, debe tomar una decisión, más cuando recibe la expulsión de uno de los centrales en el primer tiempo, como pasó con Cadavid. Por supuesto, me refiero a la paliza que Nacional le propinó a Millonarios 5-0.
Sólo con Fernando Uribe y ante tres defensas que lo esperaban, era poco probable conseguir un gol. Mosquera y Ochoa no disponían de espacio ni de claridad y Millos decidió darles a Máyer y Vargas la tenencia del balón. Y se sabe que Máyer controla, da vueltas, intenta hacer pausa y de cuando en vez meter un pelotazo para el solitario y en punta Uribe. Los volantes de Nacional lo fueron ahogando en sus intenciones y entonces era de suponer que Millos iría a trabajar sólo en plan defensivo. Que también es válido y podría considerarse una especie de arte.
Ni lo uno ni lo otro. Se fue descuadernando cuando Nelson Ramos se complicó en una pelota para saque y todo derivó en el primer tiro libre. Fue un presagio del mal partido que tuvo, pues en tres goles se vio comprometido. En el de Sherman, cuando quedó corto un centro a ras de piso que era para él. Tanto Bocanegra como Cardona lo colgaron con dos remates. No fue culpable del todo en la aparatosa goleada. Sus defensores no defendieron cuando renunciaron al oficio. Sin concentración ni atención, contribuyeron a que Nacional aprovechara el hombre de más.
Nacional ganó bien, usufructuando todas las ventajas rivales, y comenzó a recuperar la fisonomía del equipo del primer semestre. Milos entra en un momento difícil. De autocrítica de sus jugadores y de que Lillo piense qué hacer. Si va a continuar con un esquema de seguridad, pues a trabajar en ese sentido, y si quiere conseguir goles, entonces adecuar el equipo para ello. Seguramente se hablará de un accidente, pero ni Lillo ni sus jugadores pueden engañarse. Es una voz de alerta que no puede ignorarse. Se puede jugar mal y perder. No así como pasó en Medellín.