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Hablar de fútbol

01 de julio de 2014 - 09:52 p. m.

En cada cita mundialista es gratificante el reencuentro con viejos compañeros de bregas periodísticas.

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Es el intercambio de experiencias y conceptos, y también la ocasión de saludar a antiguos jugadores convertidos por razones de mercadeo en opinadores de fútbol. Algunos lo jugaron bien, ven bien el fútbol, pero tropiezan a veces con el lenguaje de la comunicación. De los nuestros, me encantó saludar a Freddy Rincón, Tino Asprilla, Valderrama. Encontrar a Valdano, Alfaro, Juan José Peláez y Chilavert.

Quiero, sin embargo, destacar a un personaje que no conocía, sino por sus logros con Once Caldas, donde aún le deben un billete, y en Nacional. Ya saben que voy a contar las gratas, largas y didácticas charlas con Juan Carlos Osorio. Un estudioso del fútbol, que se hizo a pulso en Inglaterra, Estados Unidos y quien sin secretos cuenta cómo es su trabajo de campo. Más allá de esos detalles que enriquecen nuestro conocimiento y ayudan para entender cada día más este apasionante tema del fútbol, es saber cómo se las ingenia para manejar a un grupo tan heterogéneo, en el que no todos están sintonizados sobre los objetivos. Maneja, como risaraldense, un idioma parroquial, sencillo, sin arabescos, de cómo plantear un juego, motivar a sus dirigidos y orientarlos.

Osorio me explicó el porqué de los papelitos, práctica con la cual no estoy de acuerdo. Para ello me dio un ejemplo cierto. El día que Nacional pierde con Defensor de Uruguay 2-0 en Medellín y estando lesionado Bocanegra, el lateral derecho, convocó a Guisao para ubicarlo en el plan de marca. Le dio al oído la recomendación y el jugador ingresó, pero se ubicó en el sitio que no era. Después de la derrota le preguntó a Guisao por qué no había cumplido con la encomienda. El muchacho sólo atino a responder: “No le dije nada a Bocanegra porque se me olvidó”. Allí Osorio me hace énfasis que por ello prefiere enviarle a Alexis Henríquez el mensaje por escrito.

Es de esas personas estudiosas, que en servilletas en pleno desayuno diseña con claridad determinada maniobra. Lo hace sin misterios ni reservas. Es seguro en sus ideas, las defiende y mantiene recuerdo permanente del Manchester City, donde estuvo seis años, y de Kevin Keegan, con quien trabajó como ayudante de campo.

Quiere llegar algún día a un seleccionado nacional. No sé sí tendrá esa dicha. Por lo pronto sólo digo que descubrí en él un apasionado del fútbol, estudioso del asunto y un amigo para compartir.

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