Para conseguir el éxito en el fútbol se requiere de buenos jugadores. Es una verdad de perogrullo, aunque difícil de conseguir. He estado leyendo sobre Arrigo Sacchi, el célebre entrenador del aquel maravilloso Milan en el que siempre se habló de los holandeses, aunque en las páginas de Fútbol total, como se llama el libro, la gran figura resultó Ruud Gullit.
Entre muchas reflexiones e historias, me llamó la atención lo que alguna vez dijo y escribió: “Yo pensaba que el fútbol debía jugarse con la mente, los pies son sólo un medio que facilita el aprendizaje. Si tienes una buena técnica, pero te faltan capacidad interpretativa y lógica, pasas la pelota adelante cuando debes pasarla atrás, retienes la pelota cuando debes tocarla de primera, la juegas antes cuando debes retenerla. No basta la técnica, es funcional pero no suficiente”.
La técnica y el control del balón se deben y pueden ensayar. La repetición de los ejercicios es la solitaria condición para mejorar. Extraña que técnicos se quejan de los jugadores que tienen afán de terminar las sesiones de entrenamiento. Buscan los artefactos electrónicos tan pronto suena el silbato para dar por concluido el entrenamiento. Son pocos los que se quedan ensayando tiros libres, por ejemplo. Por eso no sorprende que arqueros como Sebastián Viera consiga goles ejecutando esos cobros. La repetición de la repetidera es la exclusiva razón del éxito. Entre grandes jugadores que fueron recuerdo al brasileño Didí, que patentó en los tiros libres aquello de la folha seca. Su trabajo primario lo hacía con una bola de tenis, pegándole con el pie frente a un muro.
Es común escuchar que determinado jugador sabe leer el partido. No es fácil, pero, leyendo lo que dice, Arrigo Sacchi está señalando lo que los jugadores deben aprender. Saber elegir es complicado cuando se tiene la pelota en los pies. Vi hace poco a dos jugadores, Anderson Plata y Lucumí, del América, avanzar con el balón en velocidad y controlado, y en el último toque a la pelota la alejaron de su control y perdieron una buena opción. Habían iniciado el recorrido con seguridad y posibilidades de gol, pero lo desperdiciaron por no saber entender la última jugada.
Y una reflexión final de Sacchi: “Muchos jugadores tienen temor y sufren porque pueden alcanzar el éxito”.
Nosotros lo resumimos diciendo: le pesa la camiseta, pero no es tan cierto. Es cuestión de convencer al jugador de sus capacidades y darle confianza suficiente y decirle: eres capaz. Nada más. Pero repetírselo una y otra vez.