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Justicia

12 de diciembre de 2008 - 11:26 p. m.

Si uno se pone en trance de revisar el porqué América y Medellín llegan a la final, seguramente encontrará una sola respuesta: tienen buenos futbolistas y jugaron bien. Y eso que ambos equipos mostraron incumplimiento en el momento de pagar sus compromisos con los planteles.

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América ganó el derecho a la final porque sus jugadores lo quisieron, mientras el técnico Diego Umaña apretaba las clavijas a una junta directiva de fachada, puesto que el mandamás es el señor Juan Miguel Rodríguez, quien no se resigna aún a perder lo que su papá disfrutó por mucho tiempo.

Ambos equipos tuvieron puntos en común. Los dos mejores arqueros, Bobadilla y Berbia, llegan a la final. En ellos comienza la cimentación de una excelente zona defensiva. Medellín con más juveniles y América con un jugador como Valdez, que pinta para empresas superiores.

El medio campo del Medellín parece más fuerte que el de América, porque dispone de una característica común en sus integrantes (Choronta, Quintero, Pérez, Corredor), que son sensibles con el balón y antes de rifarlo o regalarlo al contrario, prefieren entretenerse con él y poco a poco van hilvanando jugadas ofensivas.

En los hombres de la delantera Medellín tiene a Diego Álvarez, un jugador al que no se le ha reconocido su calidad y facilidad de operar en el área menor. Pero también con Martínez y Danilson arman una buena respuesta a las ideas de sus volantes. Y eso que Jaime Castrillón, después de la incursión en imágenes de correos electrónicos, no volvió a ser el jugador que sé que puede ser.

América, en cambio, con Paulo César Arango y Adrián Ramos se las arregla para ganar puntos.

Curiosamente los dos tienen buen equipo, buena respuesta de sus gentes y enredos administrativos. Ya comenté lo que pasa en América y ahora Medellín carga con la culpa desde los días del señor Tamayo. Y está por aclararse a quién le compraron y pagaron, si así fue, los derechos sobre el club los llamados Sueños del Balón, porque ahí están nombres como los de Francisco Maturana, Bolillo Gómez, Juan José Peláez, Pedro Sarmiento y Víctor Luna, todos ellos reconocidos en el ambiente como hombres del fútbol.

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