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La Copa*

06 de febrero de 2010 - 08:33 p. m.

La Copa Libertadores, creada en 1960, se convertiría con el correr de los años en el objetivo principal de los grandes equipos. Fue la forma más práctica de ‘salir’ del fútbol local.

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Porque hasta su aparición los equipos ganaban sus campeonatos, organizaban temporadas de juegos amistosos y eventos como la Feria de la Caña, en Cali, llegaron a reunir a River Plate, Peñarol y Olimpia.

Eran los días de las visitas de equipos como el Gornik de Polonia o el Sao Paulo y el Botafogo.

Comenzó la Libertadores y desaparecieron aquellas visitas y simultáneamente se modificaron las metas. Ya era primordial ir a la Copa y no solamente ganar el campeonato. La Confederación Suramericana, con todos los cambios ejecutados a través del tiempo, les dio mayor oportunidad a los equipos.

Del campeón y el segundo, los favorecidos en un comienzo, se pasó a tener tres representantes, como en nuestro caso, porque es claro que Argentina y Brasil mangonean en la Conmebol y ponen más equipos.

Luego fueron invitados los equipos mexicanos, no tanto para mejorar el nivel de competencia, sino para robustecer el rubro económico.

Todo lo anterior para señalar la casi obligación de equipos grandes de ir a la Copa, en la que se obtienen beneficios como la promoción y exportación de los mejores valores, sin ignorar las taquillas adicionales al campeonato local.

De allí la decepción para la familia del Júnior, que sufrió en los 180 minutos ante un modesto equipo, en historia y fútbol, como resultó el Racing de Montevideo.

La llegada del técnico Diego Umaña, quien venía acostumbrado a manejar pobreza, por el momento del América de Cali, pareció refrescar el ánimo de los barranquilleros y llenarlos de optimismo. Salieron varios jugadores y llegaron otros, como Arango, Cortés, Tavima y el mismo Berbia, quienes habían sido jugadores dirigidos por Umaña.

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A la hora del balance y de averiguar el porqué de la eliminación, es fácil ubicar en primer lugar al arquero Adrián Berbia, quien tuvo muchísimo que ver en los cuatro goles recibidos, especialmente el primero en Montevideo, cuando cometió penalti.

Como diría la canción, fue flor de un día la ilusión juniorista. Por supuesto que Berbia tuvo culpa, pero los otros también, porque adelante se embolataron más de una vez después de crear opciones.

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No hubo definición clara y Arango, llamado a ser solución por la zona derecha, terminó desorientado y desorientó a sus compañeros.

Comenzó mal la era para Umaña en cuanto a resultados. Ahora tendrá que conseguir un funcionamiento claro para un equipo obligado a dejar de lado frustraciones para sus hinchas.

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Jugadores parece tener. Necesita convencerlos a ellos de sus obligaciones y deberes, porque el fútbol no da tiempo para tristezas.

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