A todos nos ocurrió alguna vez, ser invitados a distintas clases de fiesta, unas muy buenas y otras no tanto, pero siempre hubo la intención de divertirse o pasarla simplemente bien.
Esto para decir que la fiesta del fútbol en Colombia comenzó este fin de semana, trayendo consigo las ilusiones de siempre para los hinchas, atentos siempre a los pronósticos de los técnicos, muchos de los cuales no se comprometen con títulos y unos pocos, como pasa con Comesaña, prometen ser campeones.
Siendo un torneo corto, de 26 fechas y como viene ocurriendo últimamente, el título está al alcance de todos. Por eso, equipos de prestigio se exponen a quedar al margen, porque se arman grupos, como pasa con La Equidad o el Chicó, capaces de ganar y sumar los puntos.
Esta vez, más allá de las fiestas para presentar planteles, exhibir los nuevos uniformes, perder tiempo en el lloriqueo de Gabriel Camargo, los equipos dentro de sus posibilidades intentan armar, con pocos jugadores foráneos y de categoría, esquemas, en los que la presencia de jugadores jóvenes orienta el campeonato hacia un estilo de velocidad no siempre bien controlada.
La nueva norma del Sub 18 será cuestionada como ocurrió con el Sub 19, aunque falta precisión en la intención, así como será de obligatorio cumplimiento su presencia, deberían los de Dimayor, establecer un mínimo de minutos jugados y acumulados por jugador. Lo contrario sería ver un entrar y salir de jugadores sin ton ni son. Y no faltará el técnico que ponga a aquel jugador unos minutos y nada más. Creo que la idea es buena, aunque requiere ser más estudiada e implementada para conseguir los frutos pretendidos.
Los árbitros dispondrán del sistema moderno de intercomunicación, confiando sea bien utilizado y ofrezca más seguridad al central en el momento de una decisión. El asunto ya está inventado y funciona. Lo que sí falta es enseñar a los árbitros a manejar el sistema de demarcación con aerosol para eliminar esas reuniones de jugadores en el momento de montar una barrera.
Y espero que los jueces tengan el sentido común para no ser engañados por aquellos jugadores que casi en agonía piden camilla y al minuto están listos. Para seguir el ejemplo del ex alcalde Mockus, sin decir nada, los árbitros deben dejar al jugador aquel de la triquiñuela, dos minutos por fuera y quizás allí aprendan. Ni está escrito en el reglamento ni es necesario dar explicación, señor juez, déjelo por fuera.