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La final

27 de junio de 2009 - 01:11 a. m.

Con casa  llena, Júnior juega la posibilidad del título.

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La ventaja del Once al comenzar el juego es saber que con el empate le alcanza, pero sabido es que quien sale a empatar, generalmente pierde. De allí que los de Manizales no pueden renunciar al ataque y así falten Fano, Casanova y  Viáfara, el juego es para planificarlo de forma agresiva. Armar las infaltables líneas de cuatro hombres en defensa no garantiza nada distinto a renunciar al ataque.

Júnior con presión por el resultado, por el afán de salir a buscar temprano el gol, corre el riesgo de caer en la trampa histórica de querer hacerlo todo de primera, sin respiro ni pausa. Es evidente que la final encierra ese dramatismo propio de esa instancia, donde los nervios de los jugadores juegan papel importantísimo, más allá de que sean buenos jugadores.

La respuesta en el Palogrande y el Metropolitano significa que el público está por encima del cuestionado momento del fútbol. La gente quiere ir a disfrutar y sostener las polémicas eternas por las decisiones de los jueces.

Los jugadores del Once saben de la urgencia de Júnior y con paciencia pueden hacer valer su exigua ventaja. Como ocurre, no es de esperar un juego bonito ni lúcido. Luchado y bravo.

Bryan Angulo salió jovencito del América y hoy después de un paso por Portugal y con 20 años, llega al fútbol de la primera división española. Como ocupa el puesto de lateral izquierdo, que tantos dolores de cabeza viene ofreciendo en la selección, quién quita que en tres años sea el jugador para tener en cuenta. Al igual que Carlos Sánchez, Flavio Córdoba, James Rodríguez, Johan Vonlanthen y Daniel Cruz.

Viendo los escasos movimientos de trasferencias, cambio de jugadores, adquisiciones baratas, el campeonato del segundo semestre no estará lejano del primero que concluye hoy. No hay plata, escasean los patrocinadores y varios equipos como Bucaramanga, Pasto, Alianza Petrolera, Millos y Pereira deben hasta la camisa. No solamente en salarios de jugadores, sino en seguridad social y otras hierbas. Por eso extraña que los equipos no hagan conciencia en sus planteles del dineral desperdiciado en multas por mal comportamiento. El jugador como ser humano requiere de educación, de enseñanza y ese rubro está totalmente descuidado. ¿Dónde están los profesores?

El Cali está en mora de aclarar el asunto del estadio en la zona de Palmira. El club no lo recibe, porque los constructores o no han podido o no han querido sanear el asunto. Da tristeza pasar por su lado, rumbo al aeropuerto y observar la mole de cemento sin despegar. Así como se hacen ejercicios de mercadeo para venta de palcos, debiera el Cali preocuparse por arrimar sugerencias para lograr que el público pueda llegar y despegar.

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