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La realidad

30 de septiembre de 2012 - 06:00 p. m.

El jugador de fútbol profesional, contrario a lo que muchos creen, nunca tiene tiempo para deprimirse ni echarse a la pena después de una derrota.

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Quizás por unas horas recuerda el insuceso, pero lo supera la obligación de concentrarse en el siguiente juego. Debe regresar casi de inmediato a sus trabajos de campo y, sin darse cuenta, las goleadas y los cánticos hirientes y sarcásticos de los hinchas ingresan al catálogo de los malos recuerdos. Como trabajador del fútbol, intenta redescubrir su compromiso esencial, jugar y entregarse a una empresa futbolística. Ojalá que nunca olvide el interés por divertirse jugando, que es una forma de alegrar a la parcialidad de su equipo.

Pues bien, Millonarios, después del papelón vergonzoso en Madrid, tuvo la ocasión de enfrentar al Júnior, que logró en estos días organizar un buen equipo, con jugadores de jerarquía como Giovanny Hernández, Teófilo Gutiérrez y Dayro Moreno, por mencionar a los más representativos. Y Millonarios no solamente ganó con claridad por 2-0, incluyendo un golazo del volante Ortiz, sino que conservó en solitario el primer lugar de la tabla de posiciones y se sacudió el letargo que pudo producir la excursión a Madrid. Y para confirmar lo escrito al comienzo, ya está pensando en Palmeiras, su inmediato rival en la Sudamericana.

Es justo destacar el acompañamiento de sus hinchas, quienes saben y valoran al equipo como tal. Se pierde y se gana, aunque por encima de ese vaivén está el azul de la camiseta.

Millos celebró su victoria confirmando que la depresión no tiene cabida en los grupos de jugadores profesionales, porque básicamente los futbolistas son capaces de pasar en cuestión de horas de una debacle deportiva a los abrazos por goles y logros.

Es probable que los técnicos demoren más en la recuperación mental después de una caída (esta ante el Madrid es más dolorosa), porque en la autocrítica descubren errores cometidos en la planificación del partido, certifican equivocaciones en la inclusión de jugadores y dan vueltas y vueltas queriendo encontrar la causas del desastre. Demoran más tiempo asimilando el golpe. En eso, los jugadores ganan rápidamente, porque no tienen tiempo de reflexiones profundas y sólo quiere volver a jugar.

Por eso el nieto mayor, José María, que resultó hincha de Millos, bordeando los 8 años, estaba que brincaba en una pata porque pronosticó el 2-0, fue a El Campín, se tomó fotos con Nelson Ramos y Wason y la alegría regresó después del oso de su equipo en España. Seguramente los hinchas en general, también confirmaron que el fútbol es como la montaña rusa, sube y baja a gran velocidad. La mejor terapia es jugar por encima de las recomendaciones de psicólogos y ayudantes espirituales; con todo respeto lo digo. Por eso en la cantidad de elementos que rodean al fútbol, el jugador es el más favorecido, porque es el que tiene la fortuna de jugar con la pelota y allí descubre la esencia de su profesión.

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