En la historia del espionaje de la Segunda Guerra Mundial, cuentan los más entendidos de una película llamada Ojo de águila.
Aunque no la vi, sí recuerdo una serie radial en la década de los 50, donde el narrador central lo encarnaba el mexicano Carlos Montalbán, hermano de Ricardo, aquel de una serie televisiva llamada la Isla de la fantasía. Ojo de águila básicamente era para descubrir maniobras de espionaje y donde siempre ganaban los buenos.
Esto para decir que Ojo de águila deberían tener los auxiliares de línea o jueces, quienes supuestamente están para ayudar al árbitro central. En la última fecha, dos situaciones no las vieron, quienes deben aplicar justicia futbolística. En Bogotá, Ómar Pérez rechazó el balón en su arco, cuando la pelota había superado la línea de gol. Leandro Castellanos, el arquero del Cúcuta, detuvo el balón fuera del límite del campo en el partido contra Medellín, donde evitó un tiro de esquina legítimo. Por eso, estas situaciones no las resuelve el ojo humano y alimentan las polémicas desgastantes. Al verlas en la televisión resulta cómodo hacer las observaciones. De ahí que la Fifa siga oponiéndose al uso de ayudas electrónicas, cuando queda claro que ojo de águila no tienen los árbitros. Esa terquedad con el tiempo desaparecerá y será un alivio saber que en la duda los del pito dispondrán de auxilio electrónico.
Vi cómo los equipos más goleadores, Medellín, Tolima y Once Caldas marchan adelante en la tabla. Es decir, cada día vale más aquello de hacer más goles que recibirlos, porque hubo una época, donde mantener la valla invicta era la prioridad y justificar todos los esquemas defensivos. Por supuesto que el Once y Medellín continúan atendiendo dos frentes. Acá y en la Copa Libertadores demostraron que sí se puede, así el DIM tenga más de para arriba la posibilidad de avanzar.
Vi cómo el Real Cartagena entró, es normal, en una línea descendente. Menos mal la cosecha de puntos del comienzo le da oportunidad de recomponer la figura ganadora. Claro que eso ocurrirá en la medida de ser su zona defensiva más segura. Haber recibido siete goles en dos partidos, no solamente molesta al malgeniado arquero Henao sino a sus volantes.
Vi a Santa Fe con opciones de clasificar sin mayor regularidad en su juego. Por momentos se anima, cuando dispone del espacio y el balón Ómar Pérez. Vi al América pensando en cómo cobrar salarios antes que ganar y confiando en Sergio Galván que está a punto de conseguir su meta personal, como es la de llegar a 217 goles. Le falta uno, me asalta una pregunta, ¿por qué no lo dejan patear los penaltis?
Vi cómo Ramón Cabrero, por inocente y honesto, pregonó su salida en mayo y con mucha anticipación. Consiguió sí, que el plantel lo viera ya lejano, los suplentes esperanzados en la nueva oportunidad que traerá el futuro técnico y los hinchas de Nacional apurando su salida, porque además, el equipo no gusta en su juego.