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Lo que vi…

26 de abril de 2010 - 09:56 p. m.

Ir al estadio o ver por televisión un partido conlleva alta dosis de suerte.

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Eso me pasó el fin de semana. Vi dos empates y no vi por el resultado y lo que cuentan, el mejor juego, el que disputaron en Bogotá, La Equidad y el líder Tolima. Siete goles que resultaron seguramente de un choque trepidante, frenético, con equipos en esquemas abiertos.

Pero así es el fútbol. El cero a cero entre Medellín y Chicó resultó discreto. Pensé que poniendo a Barahona y Tressor, en el medio campo, aliviaría la situación del DIM, que continúa ensayando con sus delanteros Pardo y Valoyes, fórmulas que no traen resultado. Son delanteros sin llegar a la dimensión de goleadores. A lo lejos, Jackson Martínez sigue en su racha goleadora en México, mortificando aún más el alma de los hinchas rojos. El equipo tuvo control de partido, posesión de pelota, aproximación al gol, sin ganar los puntos. El Chicó armó plan defensivo, donde su arquero Alejandro Botero y el ejemplo que siempre significa Chaca Palacios contuvieron los escasos momentos de acercamiento del rival.

Vuelve en consecuencia el reparo a la famosa ‘tenida’ de balón. Claro que es bueno no prestarle la pelota al contrario. Mejor sí aprovechar esa circunstancia para hacer daño al visitante.

Sin que resulte grave, el juez Peñuela, exhibió seis amarillas al Chicó. Seguramente la mayoría justas, pero ignoró una al arquero Bobadilla, quien discutió con un adversario y alegó con vehemencia una decisión. El árbitro tuvo miedo o respeto y lo cierto fue que dejó pasar el detalle.

El otro empate fue el de América y Júnior 2-2. Es para aplaudir la entrega, el espíritu combativo de los americanos, quienes olvidaron momentáneamente las angustias y las afugias que viven, por los salarios atrasados de seis meses. En un ejemplo de profesionalismo, se entregaron con alma, vida y sombrero. Comenzaron ganando con varios aportes individuales interesantes. El de Viera, Banguero, Angulo, Álvarez y los movimientos de Galván para apoyar la salida rápida de su equipo.

Cuando todo parecía perdido, llegó el gol del empate y el número 218 de Galván, históricamente y quizá por largo tiempo, observando a quienes podrían alcanzarlo, el rey goleador. El tucumano que llegó en silencio al Once Caldas, recomendado por otro ex jugador del blanco blanco, El Petiso Alfonso Nuñez y construyó su imagen de goleador, teniendo una figura de jugador liviano y rápido. Once, Nacional y ahora América le permitieron justificar con su honradez y profesionalismo este logro.

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