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Lo que vi

29 de septiembre de 2008 - 08:05 p. m.

Viendo a Carlos Darwin Quintero juguetear delante de la defensa de Nacional, queda una pregunta totalmente válida: ¿le falta seriedad? Porque en el primer tiempo fue más jugador de conjunto, tanto así, que sirvió el centro para conseguir el gol matecaña.

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Pero en la complementaria, a sabiendas de que iría en solitario en el ataque, desperdició muchas opciones de gol. En unas estuvo sin fuerza ni ubicación en el remate, en otras le dio por hacer lujos  delante de Mendoza, corriendo el riesgo propio de quienes se atreven a mostrar el balón, y él lo sabe hacer. Por supuesto que la juventud lo hace irresponsable si se quiere, aunque sus técnicos, especialmente Nelson Gallego, debe hacerle entender lo importante que es ir por el gol. Cuando tenga más partidos encima, podremos saber si es o no el jugador que por ahora insinúa grandes condiciones.

Tenía razón en su momento el periodista-técnico que fue Joao Saldanha, en Brasil, tanto en Botafogo como en la selección, siempre protestó por aquellos jugadores de cabellera larga. Según él, en el momento de cabecear, perdían precisión por estar con esos flequillos encima de la zona frontal. Si él viviera, tal vez aceptaría el uso de las balacas como se estila hoy en día. Viendo a Milton Rodríguez, en casi todo el segundo tiempo ante el América, se la pasó acomodándose la tal balaca. Una cosa es la estética, el buen gusto y otra bien distinta es estar concentrado en el trabajo.

Vi la bulla armada por El Tigre Castillo, con sus tres goles a Boca Juniors. Claro que desde su marcha al Defensor de Montevideo pareció Castillo reclamar su pasado de jugador efectivo, y probablemente alejado de su entorno familiar y de amistades en Cali, haya encontrado esta segunda juventud goleadora.

Vi el penalti a favor de Santa Fe, que no fue. Vi la acción de juego anulada a Millos en Cali por el asistente del central. Para tranquilidad de todos los técnicos, lo que te quitan hoy, mañana seguramente te lo regalen. Así que lo mejor es aceptar las equivocaciones de árbitros y de paso recriminar a los jugadores que cometen muchos errores, aunque Óscar Córdoba da el ejemplo de adaptación para no sufrir tanto con ese esquivo y rápido balón, resolvió en ocasiones utilizar los puños y santo remedio.

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