Tuve la oportunidad de ver en televisión dos partidos que encerraban interés como espectador interesado en encontrar buen fútbol.
Barcelona-Real Madrid, el clásico español en el que se apreciaría el momento goleador de los catalanes y el sufrimiento de los merengues. Lógico era que el vencedor resultara el Barça. Los del Madrid renunciaron a atacar, tuvieron poco tiempo el balón, de acuerdo con los modernos sistemas de medición, pues sólo llegaron al 29%, dejando toda la iniciativa al rival, que vino a encontrar los goles en el final. Por temor o por lo que fuera, el Real tomó todas las precauciones para no caer en una goleada y pasar un papelón, pero demostró que el atrevimiento sólo está reservado a los genuinos grandes equipos. Se pareció por momentos a tantos partidos especulativos, donde el cero en el arco propio es la razón de ser.
El otro estuvo en casa, en el que Cali alcanzó un cupo a la Copa Suramericana, por ahora inferior en jerarquía a Libertadores, que está próxima a cumplir 50 años de vida.
Para el Cali, como para quienes piden limosna y la reciben, algo es algo. Quedó de paso confirmado que Júnior no pudo superar el complejo de jugar como visitante. En Barranquilla juega bien, se recrea con la pelota; Giovanni Hernández resulta punzante con sus pases-gol y hasta sus laterales suben permanentemente al ataque. Será necesario, como a muchos equipos, conseguir jugadores que no se asusten fuera de su patio.
Los otros partidos, y el público lo entendió, no tenían importancia, aunque Carlos Darwin Quintero continúa demostrando que marca diferencia, porque le gusta jugar con la pelota y no se queda atado a ciertos sistemas que inhiben al jugador.
El que sí es jugador, goleador y peleador por la posesión del balón y sabe manejarlo es el sueco Ibrahimovic del Internazionale de Milán. Marcó dos goles, uno de ellos un golazo, y sacó a su equipo de un difícil momento puesto que empataban en casa con el último de la tabla. Gana 12 millones de euros al año, pareciera una cifra estrambótica, pero juega con ganas, arriesgando, luchando y en él, sus compañeros, tienen a quien les hace cobrar el sueldo y los premios.