Es importante, antes del análisis de la victoria de la selección de Colombia en Lima, anotar dos razones validas: la primera es que jugando mal también se pueden ganar los puntos, así resulte mas lógico y fácil ganarlos jugando bien, con orden, claridad, precisión en los pases y llegadas al arco contrario.
La segunda es que un pensamiento debe tener el técnico y otro bien diferentes los mismos jugadores. Al menos eso se vio ante Perú.
Si la mejor condición que tuvo siempre esta selección fue la tenencia del balón, más allá del técnico de turno, no se pudo apreciar esta vez. Los peruanos con un juego más agresivo fueron llevando a nuestro grupo a un desorden y un afán por equilibrar el juego, ignorando lo de juntarse los jugadores y restando la agresividad con la circulación del balón.
Por supuesto que el rendimiento de los volantes fue calamitoso. Guarín, muy lejos del nivel conocido. Sólo un remate a los 14 minutos y el pase a Dorlan, quien a su vez lo cedió a James para el gol.
Muy escaso su aporte, luciendo pesado y lento. Carlos Sánchez, supuestamente el mejor recuperador tampoco estuvo en su tarde. Y James acusando cansancio en el final, no se pudo ubicar en el puesto donde más rinde, por la izquierda.
Así, quedamos a merced de los peruanos, quienes sólo vinieron a confundirse después del gol. Pero ellos en general dominaron ese sector, que continua siendo importante en el fútbol de hoy.
A lo anterior se une el flojísimo trabajo de Pablo Armero, quien sufrió mucho con Carrillo en los 45 iniciales y después con la movilidad de Chiroque. Los otros tres zagueros respondieron, y ni hablar de Ospina, quien resolvió correctamente dos mano a mano. Cuadrado no dio lo que se conoce y esperaba de él, quedando Pabón y Falcao librados a su suerte.
Se ganó, es cierto, aunque no siempre debemos jugar tan mal para ganar los puntos. Ya la historia con Perú pasó y ahora queda Ecuador, un equipo que viene de ser vapuleado. Supongo que en la semana, y sin llamarse a engaños, el técnico Pékerman tratará de remodelar el medio campo, donde figure al menos un solo jugador capaz de retener la pelota, marcar una pausa en el ritmo de juego, levantar la cabeza y dar salida por los costados.
Haber localizado los puntos le otorga licencia para diseñar con calma un esquema que comulgue con los principios básicos del grupo. Si sabemos jugar con la pelota, es necesario recurrir a ella, no regalarla ni desperdiciarla. Así para la óptica resulte más lento el juego, es probable que se den condiciones para progresar mejor en el terreno y para que los futbolistas “jueguen su jugado” y sean fieles a lo que mejor saben hacer.