De nada sirvió traer y promocionar a los grandes goleadores de Europa, Neymar, Cavani, Jackson, Bacca, Falcao, Pizarro y otros que no pudieron destacarse como todos esperábamos.
Agüero, Tévez, Higuaín, Barrios, Vargas y Vidal, quienes siguieron en carrera hasta las finales, podrían arrimar uno que otro gol.
Según los entendidos, o al menos quienes opinamos, pasando los hechos podríamos adjudicar al número de juegos en sus ligas por el cansancio. No lo es tanto físico sino mental. O estaban saturados de fútbol o no se acomodaron a sus selecciones. Seguramente no deben descartarse, porque conocida es la racha que todos los goleadores viven, tienen un tiempo con el arco rival cerrado y otra época en la que todo se les da, como ocurrió con Paolo Guerrero.
Quizás suene a disculpa, aunque olvidarse de su función no es posible. Ahora bien, ¿los volantes o laterales jugaron para ellos? ¿Les dieron el balón como considerarse un pase-gol? No salieron de los llamados circuitos en el fútbol y sin trascendencia, unos se fueron y otros albergan la esperanza de recuperar ese olfato para el gol que los distingue.
También una respuesta del árbitro del juego Colombia-Argentina resultó de una realidad indiscutible, cuando al ser preguntado por Messi y Agüero, por qué les pegaban tanto y no se escuchaban sanciones. Él sencillamente respondió: “Esto es América”. Dicho de otra manera, existe una interpretación bien distinta del reglamento por parte de los árbitros de este lado. Nadie respeta el nombre de las grandes figuras y se juega con toda la fuerza, algunos con exagerada vehemencia, y se da poquísima protección a los artistas del balón. Pueden ser causales para justificar la discreta presencia de los grandes jugadores. Por eso, lo visto hasta ahora en la Copa, me parece que el mejor valor individual para aplaudir es Derlis González, del Paraguay. Como juego de conjunto, Chile, porque, a diferencia de Argentina, mostró eficacia al momento de definir con goles.