Vistas ya las selecciones que juegan en esta Copa América de Chile, no existe duda sobre el favoritismo que va rodeando a Argentina.
Y no es porque tenga a Messi, sino porque es un equipo en el mejor sentido de la palabra. Quizás ofrezca fisuras en el sector de los marcadores centrales, aunque tanto Zabaleta como Rojo saben subir y acompañar y dar salida a sus volantes. Pastore viene creciendo en importancia y Agüero es un definidor consumado. Di María está ahí nada más. Su salida del Real Madrid, en su mejor momento, no le rinde aún en el Manchester United. Biglia y Mascherano son los de rendimiento parejo. Vuelve Messi, como le pasa en el Barcelona, a contar con el respaldo suficiente, así en esta Copa no regale tantas jugadas de fantasía y haya virado hacia una función mucho más práctica: la de ser pasador de balones, o tienda a convertirse en un ejecutante del llamado pase gol. Estas razones resultan suficientes para ir modelando una selección con sentido de equipo. La selección de Uruguay está encasillada en el estilo de todos los representantes orientales en cualquier competencia. Más fuerza y disposición para el choque mientras extraña a Luis Suárez, porque Cavani se ve y se siente solo, por no decir olvidado, en la delantera. Dos selecciones, Paraguay y Perú, parecen haber revisado conceptos e innovado su forma de juego, y tal vez lleguen afiladas para la eliminatoria. Perú, por ejemplo, del medio campo hacia adelante se semeja a aquellos grupos del pasado para los que el buen trato al balón era prioritario. Venezuela, convertida en nuestro coco, gana solidez, sin disponer de un fútbol vistoso. A Colombia se le hace urgente incorporar en cada línea un jugador destacado en nuestro medio. No por nada distinto a motivar a los jugadores de la casa. Un zaguero, dos laterales, un volante de enganche, si lo hay, serían los puestos que bien pudieran reforzarse, sin garantizar titularidad. Al menos se fortalecería el principio de competencia. Todavía falta, pero no tengo duda de que Argentina es el gran candidato, mientras Brasil intentará apelar a su tradición y nombre para recuperar su imagen. Ahora es una formación desteñida, con Neymar protestando a toda hora porque no lo tratan como artista.