Es mi amigo de muchos años y como tal nos une un tema generoso como es el fútbol.
Hago esta advertencia porque quizás resulte sesgado mi reconocimiento hacia El Pecoso Castro, con más canas que pecas. Aquel muchacho que llevaba los guayos a su ídolo Wálter Gómez, en Manizales, hoy es un técnico consagrado.
El reconocimiento va orientado a la campaña y resurrección del Huila. Castro, con el mismo plantel que dejó Virgilio Puerto, sin recomendar o solicitar jugador alguno, consiguió despertar en sus dirigidos un sentimiento de solidaridad, entrega, combatividad, y esos son los atributos de un equipo que ya recuperó a su afición que, como todas, acompaña masivamente cuando se gana.
Básicamente es un equipo incómodo para los rivales, porque corretea a cualquiera, encima en la marca, no da balón por perdido y sostiene un ritmo interesante. Le faltan algunos detalles importantes, sobre todo en los laterales, que no levantan ni con fuerza ni con precisión los centros. Cuenta con el goleador Caicedo, el argentino Hechalar y un buen arquero. En sus volantes de primera línea se palpa el grado más alto de pelea, de ir a buscar el balón, de no dar margen al desgano.
No conozco la fórmula que tiene para levantar equipos. Solo sé que con su atención a todos los detalles (es discípulo de Bilardo), estar en contacto con sus jugadores, realizando un trabajo de persistencia y una buena preparación físico-atlética a cargo de su compañero Conde, este Pecoso consiguió meter, por ahora, al Huila en los ocho. El equipo no tenía futuro y hoy vive un presente para aplaudir.
En otro campo es preciso reconocer los problemas disciplinarios en varios equipos, aunque los de mostrar son Tolima y Júnior. Antes de descalificar a los jugadores que pierden sus oportunidades por vida desordenada, quisiera comprender por qué lo hacen. Los jóvenes, que hoy pululan en nuestros equipos, antes de arrimar al profesionalismo, quizás no devengan ni el salario mínimo. Por eso, cuando firman su primer contrato, tal vez ganen el equivalente a dos o tres salarios mínimos. Allí tienen efectivo en el bolsillo y se desbordan en gastos en un bar. Estos jóvenes no piensan ni en la pensión y menos en seguro de salud.
Consideran que ya son profesionales y los amigos y los familiares los palmotean y los van mirando como los ídolos y a beber se dijo. En conclusión, creo que son los mismo equipos los obligados a trabajar con sicólogos para ir advirtiéndoles que el fútbol tiene una vida corta y es necesario mantener los pies en la tierra.