Nada de susto ni que cunda el pánico, como diría Chespirito. Es cierto que los chilenos arrollaron a los mexicanos y pusieron, con la goleada, al técnico Juan Carlos Osorio en una terrible disyuntiva: ¿seguir o no seguir?
Nos debemos ocupar de nuestro rival del miércoles. La mejor manera de respetar su buen momento es plantar un juego serio y agresivo, capaz de afrontar el ímpetu de Alexis Sánchez y Eduardo Vargas y aprovechar la ausencia obligada de Arturo Vidal.
Los jugadores son seres humanos y, como tal, sufren como cualquiera depresiones, malos momentos y días y es preciso entenderlos. Por experiencia personal y cuando debí manejar grupos grandes en programas radiales, entendía las peticiones, las solicitudes de permisos, etc. Pero siempre le preguntaba al personaje, ¿se siente bien y con ganas de trabajar? Si la respuesta era negativa y sincera, daba el permiso y nada más, porque trabajar con personas cobijadas por problemas personales, es difícil.
Anoto lo anterior, porque será el técnico José Pékerman quien encare a un jugador como Edwin Cardona, que es bueno, y le pregunte si se siente en condiciones de jugar. Porque jugar sabe, pero con su último partido generó preocupación e inquietud.
Si el jugador se compromete, porque de eso se trata, con él, James Rodríguez y Juan Guillermo Cuadrado tendremos una zona clave para igualar el juego punzante de los chilenos.
Como Carlos Bacca depende de ellos, se hará necesario jugar con un equipo recogido, con cortas distancias entre las líneas y así ofrecer compañía al delantero, y creo que la primera opción, en la medida del desarrollo del partido, debe ser para Marlos Moreno, porque delante de Medel y Jara requerimos un jugador que intente gambeta y actúe por abajo y, tal vez, consigamos algún tiro libre de frente al arquero Claudio Bravo.
Que los chilenos están embalados y entusiasmados, está bien y es normal. De ahí a ingresar la selección nuestra con debilidades mentales, es cuestión imposible de creer. Vamos con todo y todas las ganas.